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El sueño de los vinos de guarda

Jul 6, 2022
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En la milla de oro de Ribera del Duero, Bodegas Comenge consolida su posición en el ranking de producción ecológica.

Silvia Resa López

Fue justo antes del cambio de milenio cuando Jaime Comenge fundó su bodega homónima en la villa vallisoletana de Curiel de Duero, integrada en la comarca Campo de Peñafiel, en plena milla de oro de la denominación de origen Ribera del Duero. Desde la primera cosecha hasta ahora median más de dos décadas, durante las que Comenge se ha forjado un propósito para su mayoría de edad: ser uno de los referentes de los vinos de guarda en la comarca.

Son ya tres las generaciones comprometidas con los vinos Comenge. La primera, representada en la figura de Miguel Comenge, dio el principio literario y nominativo, a partir del primer tratado científico sobre el sector vitivinícola en España, en la primera mitad del siglo pasado.

El libro “La vid y los vinos españoles” volvió a editarse más de seis décadas después y hoy, con veinte años más, sigue teniendo plena vigencia. El nombre de la bodega es, precisamente, en honor de don Miguel Comenge.

En 1999 el empresario Jaime Comenge decide poner en marcha su sueño de elaboración de un vino. Para ello no dudó en iniciar estudios en viticultura, ya cumplidos los sesenta.

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“Desde nuestros inicios hemos mantenido un absoluto respeto por el medio ambiente, no empleándose ni en el cuidado de las viñas, ni en la elaboración de los vinos, productos no admitidos en la agricultura ecológica, lo que nos ha llevado a la obtención de la certificación Ecológica en 2015”, dice Jaime Comenge, fundador de esta empresa familiar cuyo afán es “elaborar excelentes vinos con las técnicas naturales más vanguardistas”.

Cada botella, su propio aroma

¿Qué es lo que distingue a Comenge del resto de bodegas de Ribera del Duero? Rafael Cuerda, director Técnico y Enólogo, habla de esa diferenciación: “es la viña la que constituye el carácter y la personalidad de un vino, por lo que es a ella a quien hay que mirar en cada uno de los pasos del proceso de elaboración de nuestros vinos”.

Dicen en Bodegas Comenge que han creado una filosofía propia de elaboración, basada en I&D&I (Investigación, Desarrollo e Innovación), para “expresar de la manera más pura y auténtica posible el verdadero encanto de nuestra viña”.

Esta última, que se ha triplicado hasta alcanzar las 90 hectáreas, se cultiva de forma ecológica; no en vano, cuentan con el mencionado certificado ecológico desde hace ya siete años.

Los vinos Comenge se elaboran con las uvas de 15 pagos ubicados en Curiel de Duero y Pesquera, bajo las denominaciones de Ribera de Duero y Rueda. Al tratarse de un cultivo ecológico certificado, mantienen la cubierta vegetal, “convirtiendo el viñedo en un jardín natural, en un ecosistema diverso, lo que aporta equilibrio a la cepa y salud a nosotros mismos”.

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Tanto la vendimia como la selección, primero de racimos y luego de uvas, se hace de forma manual. En el viñedo, la uva se recoge y transporta en cajas de 16 kilos que, dada la cercanía de los pagos a la bodega, permite una operación rápida, evitando la pérdida de calidad del producto.

“Esta meticulosa selección es fundamental en nuestra bodega”, dice Rafael Cuerda; “pues la elegancia y amabilidad de nuestros vinos depende, en gran medida, de este laborioso proceso de selección”.

Pero hay más, pues cada parcela se elabora por separado, a fin de mantener su propio carácter y, tal y como explica el enólogo, “la fermentación de los mostos es un factor diferenciador de nuestros vinos, ya que empleamos una levadura aislada en nuestra viña y que, por tanto, es exclusiva”.

Las variedades tempranillo, cabernet sauvignon y merlot son las utilizadas en la elaboración de tintos, junto a la verdejo y albillo mayor para los blancos.

Un parque de 900 barricas de roble, en su mayoría de procedencia francesa, dan reposo y cuerpo a los vinos durante periodos que no se ciñen a los límites mínimos establecidos por la denominación.

A ello se suma un elemento diferenciador en el caso de esta bodega, como es la utilización de las lías (restos de levaduras que quedan tras la fermentación) para la crianza no tanto de los vinos blancos, que viene siendo lo habitual, sino de los tintos.

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“Las investigaciones que hemos realizado en los últimos años nos han permitido desarrollar un novedoso manejo de la crianza sobre lías de nuestros vinos”, dice Rafael Cuerda, director Técnico y Enólogo en Comenge; “mejorando su evolución y estabilidad en la barrica y potenciando la personalidad de cada uno de nuestros viñedos”.

Aquello que sale de la barrica tiene el reto de mejorar en botella. Es precisamente la crianza en estas últimas lo que traza el propósito de Bodegas Comenge: el vino de guarda.

No todos los vinos son aptos para la guarda, es decir, para redondear su madurez en la botella; “la variedad tempranillo tiene una alta capacidad de envejecimiento, junto a una elevada proporción de antocianos y taninos que garantizan un correcto envejecimiento”, explica Cuerda, que confiesa que, a medio plazo, la producción de la bodega se repartirá al 50% entre vinos jóvenes y de guarda. Estos últimos serán, sin duda, la punta de lanza de Comenge.

Una de las características más buscadas para obtener vinos de guarda es su fortaleza en taninos, junto a una acidez alta, de forma que su proceso de crianza y posterior envejecimiento den como resultado un producto complejo y enriquecido a partir de sus aromas terciarios.

La huella respetuosa

“Todo lo que estamos plantando ahora es ecológico certificado”, dice Rafael Cuerda; “la idea es que, en un futuro, toda nuestra producción de uva sea propia y 100% ecológica”.

Y es que el suelo, aliado con el clima, consiguen ser los partners perfectos para los vinos de Comenge; “la parte más importante es la que ocurre en el campo”, dice el enólogo de la bodega, que destaca que los 830 metros de altitud de Comenge permiten que haya laderas con capacidad de retención de agua de cara a la época estival.

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A esto se suma el viento, que hace del área una zona hiperventilada que provoca que las vides estén secas y, por tanto, sin hongos.

La naturaleza aliada se une al desarrollo e innovación de Bodegas Comenge, para lograr levaduras propias seleccionadas, en ocasiones “pegadas a las uvas” y que, tras aislarlas, “hemos logrado un nivel de acidez óptimo por aislar las levaduras para fabricar ácido láctico, lo que evita que tengamos que añadir tartárico, como en el caso de otras bodegas”, dice Rafael Cuerda.

Es así como Bodegas Comenge define su cultura del viñedo: “no usamos nada que provenga de fuera, ya que lo producimos todo nosotros”; se refiere el enólogo a la estabilización de los vinos a partir de un proceso de rotura de las levaduras mediante ultrasonido.

A lo largo de las dos últimas décadas, la bodega ha dado a luz los reservas Don Miguel Comenge y Familia Comenge, ambos de 2017; el tinto crianza Comenge el Origen, el roble Comenge Biberius (este último elaborado por primera vez en 2008), el blanco de guarda Comenge Albillo Mayor de 2019, calificado como “joya desconocida en Ribera del Duero, por tratarse de una variedad escasa procedente de un viñedo centenario”.

El año pasado llegó el más joven de la familia, Colección Comenge Verdejo, variedad que llevan elaborando desde hace más de una década. Carmen by Comenge 2021 es un rosado procedente de una viña centenaria, a partir de variedades como albillo mayor, tempranillo, garnacha y bobal, en recuerdo de la madre de la familia.

El tinto reserva Jacobus 2014 o “el sueño del viajero”, “es la respuesta que hace años buscamos con empeño”, dice Jaime Comenge, fundador; “que no es otra que la de parar el tiempo y preservar el alma de un vino, su origen y su identidad”.

Imágenes cedidas por Bodegas Comenge

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