Cavas Montesquius Gran Reserva

Ya es tiempo de brindar

Cata para la nueva normalidad: un vino tranquilo y dos cavas para sentir esta nueva realidad.

Silvia Resa López

Ya es tiempo de brindar; ya es hora. Tras la desescalada, nos centramos en el presente y catamos el Ribera de Duero Ferratus y el Cava Montesquius extra brut reserva en sus dos versiones, blanco y rosé. El tinto, de Bodegas Cuevas Jiménez y producción limitada, evoluciona en copa en sus notas de chocolate negro y de café, con una persistencia media y suave. Los cavas Montesquius son un lujo accesible para muchos paladares, incluso para aquellos que argumentan que no les gusta el cava

Tenía pendiente la cata de los cavas Extra Brut Reserva de Montesquius. Quería hacerla compartiendo tal elenco. La situación nos lo puso algo difícil, pero finalmente pudimos reunirnos y, entre pongo y quito mascarilla, empezamos a disfrutar. De mis tres compañeros de cata, dos no estaban muy convencidos de lo que iban a beber, incluso uno de ellos dijo que agradecía la invitación, pero que como había confianza, prefería abrirse una cerveza, pues el cava no le gustaba.

cava montesquius

Quise proponerle que simplemente lo probara, pero se me adelantó su compañera, enamorada de esta denominación y que fue bastante persuasiva. Y mi invitado no sólo cató ambos cavas, sino que se ha convertido en firme defensor de la marca, empezando su aserto con la frase: “antes no quería beber cava, no me gustaba; pero ha sido probar los Extra Brut de Montesquius y la verdad es que son otra cosa distinta”.

Pues eso: que gustan y convencen, especialmente por la relación calidad-precio. De la primera os hablo seguidamente; el precio os lo digo ya: 15 euros.

Versión blanco, versión rosé

Una de las pegas que ponía mi compañero de cata al iniciar la de cava era precisamente la acidez que notaba tras ingerir este tipo de espumoso. Fue así como hablamos de las distintas categorías existentes para el cava, dependiendo del grado de adición de azúcar. En el Brut Nature, que es el que más había consumido mi amigo, tiene un rango de entre 0 a 3 gramos por litro. En el otro extremo, el Brut, entre 7 y 12 gramos de azúcar por litro. Entre medias, entre 4 y 7 gramos para el Extra Brut, categoría de los Montesquius que catábamos. Es más, Cellers Most Doré, la elaboradora, añade el rango mínimo autorizado para esta clase de cava: cuatro gramos de azúcar.

Montesquius rosado

La eliminación de la acidez lo convierte en copa de todo momento, no siendo necesaria la ingesta de alimento para maridarlo. “En Most Doré decimos que es como un traje de chaqueta negro, es decir, que vale para casi todo y se puede tomar en cualquier ocasión”, dice una portavoz de la bodega; “funciona espléndidamente solo de copeo para aperitivo, sin necesidad de picoteo”; “también es ideal en esos momentos que pasamos con amigos o en pareja, a media tarde en la piscina de tu urbanización o en una terraza”.

Blanco o Rosé, los Extra Brut Montesquius permiten su maridaje con diversos arroces, ensaladas, parrillada de verduras, pasta, pescados poco grasos y hasta platos con salsas picantes. Su versatilidad permite disfrutar de una copa en la sobremesa, tras la comida o la cena.

Montesquius 1918 Gran Reserva Extra Brut Blanco es un cava con cuatro años en crianza hasta su expedición. Está elaborado con uvas Macabeo procedentes de plantas octogenarias y en una proporción del 43%; de la variedad Xarel.lo lleva el 39% y el 18% es de cepas jóvenes de la variedad Parellada. Las viñas están situadas a una altitud entre 100 y 500 metros, en un suelo muy mineral, lo cual se percibe en la cata de este cava blanco: notas balsámicas en nariz, que se añaden al ligero ahumado. Burbuja integrada, quizá el aspecto que, desde mi punto de vista, más se valora en un espumoso y un gusto intenso y fresco.

Montesquius 1918 Gran Reserva Extra Brut Rosé se elabora igualmente a lo largo de cuatro años desde la segunda fermentación hasta expedición. Cuenta también con la fecha de degüelle en la botella. Se elabora con casi tres cuartas partes de uvas Monastrell, variedad tinta también conocida como mataró o mourvèdre, en este caso procedente de cepas de 30 años. Lleva otras dos variedades: Pinot Noir en una proporción del 17% y del 9% para la tinta Trepat, autóctona de la Conca del Barberà y que aporta el aroma afrutado y ligero como base para los cavas.

Este Rosé huele a piruleta, lo cual nos concilia con la emocionalidad de la infancia. Empezamos a disfrutar. Si insistimos en la fase olfativa, aparecen notas a especias, a algún fruto rojo como frambuesa e incluso a miel. Al catarlo después del blanco, la burbuja aquí nos sabe más cremosa, mineral y con una persistencia más larga en boca.

Imán Ferratus

De Burgos, 14,5 grados y 100% uva Tempranillo. Se llama Ferratus y en su cata adivinamos la alegoría del nombre, referido a hierro, fortaleza y solidez. Pero en ese cuerpo hay un alma sensitiva que se expresa en aromas de frutas y en una persistencia media y suave que invitan a seguir bebiendo.

Ferratus

Las cepas de la variedad Tempranillo con el que se elabora Ferratus cuentan entre 60 y 80 años; la vendimia se lleva a cabo manualmente en cajas de quince kilos, siendo seleccionadas las uvas en dos procesos. La primera fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable y la segunda, maloláctica, en barricas de roble procedentes de tierras galas en el 95% y el 5% restante de las Américas. Tiene una crianza de 14 meses.

Bodegas Cuevas Jiménez, adscrita a la denominación de origen Ribera del Duero, ha hecho una producción limitada de este vino: 20.430 botellas. Su precio, 22 euros, lo sitúa a un buen nivel en la relación con su calidad.

Inicio la cata empezando por el corcho, detalle que invito a realizar, dado que permite hacerse una idea muy clara del vino que se va a degustar. Aromas a ciruela negra, chocolate negro y notas a madera de cedro (como la empleada en las cajas de puros). Sigo con el vino propiamente dicho: a copa parada hay notas a guinda, cacao y café. Una delicia. Giramos la copa y es entonces cuando aparece el aroma a hierro, acompañado por los de chocolate, pimienta rosa, cerezas en compota y hasta notas a kéfir o lácteo fermentado.

botella ferratus

La ciruela negra y el cacao se expresan en el primer sorbo; la retronasal (una especie de feedback que consiste en exhalar por la nariz el aroma inhalado al llevarnos el vino a la boca) nos regala un cacao 100% y de nuevo la pulpa de la ciruela negra. Aquí ya no hay notas lácteas.

Si dejamos reposar la copa (no garantizo que se consiga, pues este vino nos lleva a seguir tomándolo) aumenta la intensidad de las notas de cacao, salen en boca las de café y nos quedará una persistencia media y suave tras el último trago.

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