Una de Rosados

Drunken Master

No quería debutar en un ruedo como este dando la chapa a golpe de tópicos, pero entre copa y copa mi alter ego y yo hemos decidido que la patrona merece un respeto. Un canto a la lógica, vaya, aunque me joda bastante seguir la norma editorial en materia alcohólica. Esto quiere decir que voy a escribir un poco de rosados por dos razones. La primera, porque todo el mundo lo va a hacer en esta época del año y muchos, la mayoría, no son mejores que nosotros. Ni de largo. La segunda, porque soy un talibán anti-lambrusco, una moda idiota basada en que lo italiano es más chic cuando en realidad se trata de un pseudovino vomitivo tan perjudicial como lo han sido el catenaccio al fútbol o Berlusconi a la virilidad.

La cuestión es que estamos cenando con la parienta, la novia, el novio, el amiguito o simplemente estamos metiendo ficha con esa persona que nos queremos alicatar, y el tema va de pasta –de comer, no de billetes-, ensaladas o un carpaccio de esos que están tan de moda aunque puede que en vida ladraran al cartero, je. ¿Pedimos un lambrusco? No, error, nunca. Never. Antes una sucia sangría aunque a mí me dé repelús por una intoxicación que algún día contaré. Señores: aquí, en este país, tenemos algunos rosados buenos. E incluso muy buenos, no nos vamos a engañar. ¿Claretes? Ni de coña, olvidémonos de la España profunda y no tiremos otra cabra desde el campanario.

Un rosado efectivo, de batalla incluso, se elabora como si fuera un blanco pero con uvas tintas. Es decir, un poco de maceración para dar algo de color, depósito y botella. Sé que es resumir mucho pero creo que se entiende. Si afinamos más puede criar con las lías e incluso fermentar en barricas roble, pero con mucho cuidado no sea que la innovación rice el rizo y el monstruo se vuelva en contra del doctor Frankenstein. Los resultados pueden ser variados. Están los típicos rosados facilones con aromas a chicle de fresa y piruleta y también los que son más complejos y menos artificiales. Más exigentes aunque igualmente gratificantes. En cualquier caso siempre es aconsejable que sean vinos del año porque, salvo excepciones, no están hechos para guardar. Se oxidan rápidamente.

No voy dar más el coñazo con este tema, simplemente voy a compartir con vosotros algunos rosados que a mí me gustan mucho por diferentes razones. Comparar uno de estos vinos con un lambrusco sería como comparar a Martin Scorsese con Mariano Ozores.

aR (Anta Rosado) 2010 – Anta Banderas (DO Ribera del Duero): En 2009, mucho después de hacer su última película buena (¿cuál era?), Antonio Banderas decidió subirse al carro de los famosos con bodega y se hizo máximo accionista de una. Era y es una firma decente, el paso del malagueño no ha cambiado nada. Bueno sí, dejó firmadas dos barricas y la gente se hace fotos con ellas (totalmente verídico). Anta Banderas tiene un rosado excelente (y difícil de encontrar porque se exporta casi todo),  fruto del buen hacer de su enólogo Xavi Martínez, un tío majete y un pedazo de profesional con un futuro brillante, dada su juventud y personalidad.

Viña Aljibes Rosado 2010 – Finca los Aljibes (VT Castilla): Enorme RCP (relación calidad-precio), por 4 euros tenemos un rosado 100% Syrah aromático, fresco y goloso. Es de los fáciles, sí, pero su factura es impecable. Te clavas la botella sin problema y es más manchego que Sara Montiel.

Otazu Rosado 2010 – Bodegas Otazu (DO Navarra): Una gran bodega navarra que devuelve la tradición de los rosados de su tierra trabajando la Merlot como pocas saben hacerlo. Un vino muy serio, acierto seguro.

Cuatro Pasos Rosado 2010 – Martín Códax (DO Bierzo): Pues sí, se pueden hacer rosados con Mencía y que encima salgan buenos. Hay quien dice que es una variedad sobrevalorada pero este vino no sirve para apoyar esa tesis. Frutal y fresco, una de las sorpresas del año.

Sumarroca Rosado 2010 – Bodegas Sumarroca (DO Penedès): No podía faltar un rosado catalán y qué mejor que uno de los grandes: explosión aromática en nariz, amplitud sorprendente en boca y una acidez que lo mantendrá vivo mucho tiempo. Maravilloso.

Celler de Capçanes Mas Donis Rosat 2010 – Celler de Capçanes (DO Montsant): De mis favoritos, sin duda. Es de los que aguantan dos años sin problema, como poco. Normalmente, beberse un rosado español color piel de cebolla es como chupar a la momia de Lenin, pero este no es el caso. Excelente referencia de una bodega interesante que elabora vino kosher.

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