vampiro dejadme descansar
Imagen: Adrian Moran/ Unsplash.com

¡Dejadme descansar!

¿Por qué la chica viva no me deja en paz? ¿Por qué no deja de atormentarme con su comportamiento, con esa manera de actuar que me pretende incitarme a olvidar que estoy muerto? ¿Por qué no me deja descansar en paz?

Forrexter

Si es que yo era feliz con mi estatus de vampiro. Además, de vampiro de verdad, cruel y sanguinario, chupasangres que se dice… no esos pseudovampirillos metrosexuales que abundan hoy en día y que tan a menudo se pueden confundir con otra serie de criaturas (¿elfos quizá?). Los vampiros no salimos de día; no vamos al instituto; no nos peinamos con fijadores y, mucho menos brillamos con la luz del sol. ¡¡¡Qué va!!! Nos volatilizamos; nos carbonizamos; morimos… realmente dejamos de existir. Me pregunto de dónde saca la gente tantas tonterías.

Bueno, las sacan de los libros y la televisión -las maldita televisión-, claro, de donde sale todo. Y la cuestión es que a los verdaderos vampiros, a los vampiros de verdad, esos libros nos están haciendo polvo. Porque antes nos podíamos refugiar en el anonimato. Muchos habían leído Drácula, Carmilla, etc… y muy pocos creían en nosotros. Eso nos dejaba libertad de movimientos; libertad para dar unos mordiscos que jamás eran investigados. Pero ahora… ahora la cosa cambia… Las adolescentes están a la caza y captura de un ‘novio sobrenatural’; uno salido de la tumba –literal-, que haga más emocionantes sus tristes y potencialmente desperdiciadas vidas y lo único que han conseguido es que las nuestras se conviertan en infiernos.

Lo primero que han logrado es que se pierda la emoción de la caza. No sé cómo ha podido pasar, habida cuenta de lo distintos que somos los auténticos vampiros de los moñas de las novelitas y la tele… pero el caso es que ha sucedido. Nos identifican con una rapidez inusual y arruinan por completo todo el trabajo que antes hacíamos de acechar y perseguir a nuestras presas. ¡Por dios! Si casi se presentan voluntarias “¡Muérdeme, muérdeme!”… ¿de qué se creen que va esto? ¿Creen de verdad que después del mordisco van a alcanzar la inmortalidad y seremos ‘novios eternos’? hace mucho tiempo que los vampiros no matamos a nuestras cenas. Por motivos meramente prácticos: seríamos más a repartir y tendríamos la responsabilidad de aleccionar a los nuevos no muertos de nuestros usos y costumbres. Así que es muy raro que decidamos acabar con la vida de nadie y, menos, otorgarle el don oscuro. No señor.

O sea, niñas, eso no va a pasar.

Pero es que lo hacen todo incómodo: cuando nos localizan, no son ellas las únicas que nos persiguen dando ridículos grititos… vienen por cientos, acompañadas de sus múltiples amigas, chillando como locas y organizando un jaleo que hace huir a cualquiera. Con lo que, la mayor parte de las noches, no conseguimos cazar nada y tenemos que volvernos a nuestras guaridas hambrientos. ¿Alguna vez habéis visto un vampiro muerto de hambre? No es bonito. Palidecemos más de lo normal; se nos marcan todos los huesos y se nos transparentan todas y cada una de las venas de nuestros cuerpos; se nos marcan las ojeras hasta el infinito y se nos pone un mal humor de no te menees… repito, no es bonito. Pero pasa mucho últimamente, por desgracia.

Es que estamos en un continuo sin vivir. Buffy Cazavampiros nos hizo bastante daño; pero historias como Crepúsculo, True Blood… nos han arruinado la vida.

La chica viva

Y ahora, concretamente a mí me la está arruinando esta chica viva… esta joven de mejillas sonrosadas, que se empeña en esperarme todas las noches a la entrada de mi cripta, como si fuera a conseguir algo de mí. ¡Es muy molesta! Es molestísima… con sus coletitas y los libros bajo el brazo, esperando y esperando al ocaso para poder verme. Es muy pesada.

Imagen: Andre Hunter/ Unsplash.com

Se planta ahí todas las noches y me sigue allá donde vaya. No sé cómo lo hace, porque los vampiros volamos. ¡Da igual! Vaya donde vaya, ahí está ella cuando llego… increíble. Ha debido ser adiestrada por la CIA, la KGB, el CNI, o lo que sea, porque no hay explicación posible a su caso.

De vez en cuando me trae regalos. Cosas absurdas como ropa negra o gatos –o animales de similar tamaño- muertos, por si paso hambre… me la imagino matándolos, porque no se los va a encontrar así, y ¡me da un mal rollo! Será bruta la niña… y ¿cómo lo hará? Porque una cosa es que yo le hinque el diente a algún simpático viandante -por favor, que soy un vampiro, soy sanguinario por naturaleza…- pero que la chavala ésta se dedique a finiquitar gatos… ¡qué no será capaz de hacer con los años! ¡Dios, qué juventud, qué perdidos están!

Y no se asusta… por mucho que le enseñe los dientes, por muchas muecas aterradoras que le haga, no se atemoriza lo más mínimo. Le he explicado, incluso, que no querer morderla es por su propio bien, que lo de ser vampiro es sacrificado, que exige mucho. Eso por no hablar de que los primeros días, en los que te tienes que acostumbrar a la muerte de tu cuerpo, es doloroso. ¡y le da igual! Sonríe y dice que no lo hago porque en el fondo la amo y no quiero dañarla. ¡¡¡QUE LA AMO, DICE!!!

¡Maldita sea! ¿qué puedo hacer para quitármela de encima?

Imagen: Clement Falice/ Unsplash.com

Compañeros vampiros:

la solución a nuestros problemas estaba delante de nuestras narices y no lo sabíamos. La otra noche escuché una conversación entre un grupito de similares características a las de mi acosadora particular, en la que se comentaba lo siguiente:

“Sí, mucho glamour, mucho vampirismo, mucha inmortalidad, pero llegado el momento de la verdad, al tío va y no se le levanta”.

Soez, muy soez… pero real y acertado. ¡Qué estamos muertos, señoritas! Nuestros cuerpos ya no responden a ciertos estímulos por esa razón: no estamos vivos.

Es una pena no haberlo sabido antes. La chica viva se hubiera ido sin más, hubiera podido seguir viviendo… no habría tenido que lanzarla contra esa viga de hormigón.

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