Un reserva para disfrutar ya

Don Miguel Comenge 2011 es un tinto de la Ribera del Duero con atributos de sobra

Silvia Resa

Chapeau es el término que mejor refleja la experiencia de catar una copa de Don Miguel 2011, un vino tinto reserva elaborado con las uvas del Pago Hontanillas y sólo en añadas especiales, como la del que nos ocupa, seis años atrás.

Es Ribera del Duero de segundo nombre y en su interior lleva medidas de 90% y 10% respectivamente para las variedades de uva tempranillo y cabernet sauvignon.

Su precio, en torno a 32 euros, puede parecer alto pero todo depende de lo que se desee “experienciar” que desde mi modesto entender consiste en la admiración como catadora.

Empieza ya en el corcho, con aromas limpios a fresa madura y chocolate, pero me refiero al cacao, del de al menos el 70%. Esto de oler el tapón del vino entrena en expectativas, pues permite avanzar lo que vamos a encontrarnos en la copa.

A copa parada huele que alimenta; aromas a jara (sin flor), fresa y el balsámico de la lavanda. Cuando se gira la copa y el vino se agita brotan aromas a ahumado (posiblemente de la madera de barrica en la que ha pasado 20 meses), de nuevo a jara, también a ciruela negra y a frutos rojos maduros, sobre todo arándanos. Y, por supuesto, el chocolate-cacao 70% al que hacía referencia más arriba.

Después de la nariz dejo reposar el vino otros cinco minutos, para que termine de abrirse, dado que es un reserva. La entrada del vino en boca es suave, como de terciopelo. Sabor a chocolate afrutado y notas de café (afinando un poco y dado que me chifla este producto, diría que corresponde al sabor de la variedad arábica, por ser un poquito ácida y más frutal)

En boca me da aromas de ciruela negra, pero no de la piel, como en el caso de otros vinos, sino de la pulpa. Tal como si estuviera comiendo una, vamos.

La retronasal (nada más tragar el vino, trata de expulsar el aire por la nariz, en vez por la boca; verás cómo notas aromas procedentes en este caso del Ribera del Duero) me ofrece aromas de lavanda, picota madura y chocolate puro. Y me sorprende con un frescor que francamente no esperaba, dados sus 15 grados.

¿Maridarlo? Yo diría que para qué, si como copa a media tarde es algo extraordinario… ahora, eso sí, ensambla con lo que se desee, desde platos carnívoros como acuáticos y no digo nada de los postres… sólo hay que tener cuidado con la temperatura ambiente, pues a 40 grados no hay tinto que resista.

Y leo después (dado que no quiero impresionarme de forma previa a la cata, por aquello de la honestidad como catadora) que el sistema de cultivo es únicamente ecológico, con certificación como tal. Y además la selección de la uva es manual, tiene un proceso de fermentación natural patentado y le han sido otorgados 94 puntos en Guía Peñín, 92 en Guía de Vinos ABC y Robert Parker, un norteamericano que sabe mucho de vinos, le ha concedido 91 puntos.

Siempre desde la modestia, yo le otorgo una puntuación de 9 sobre 10. Y conste que lo hago porque de esta manera sé que todo es mejorable, incluso hasta lo excelso.

Este vino es una maravilla. Palabra.

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