Sonsoles Muñoz, nutricionista y atleta: “El secreto de la nutrición está en planificar”

Muñoz recomienda las Picotas del Jerte

Silvia Resa

 

Ha sido dos veces campeona de España Cadete en los mil metros; cuando iba a por el tercero, dos días antes del campeonato empezó a sentirse mal; una mononucleosis infecciosa la apartó un tiempo de la competición y le hizo comprender la importancia que para ella tenía la nutrición, en la que se ha formado, convirtiéndose en profesional de Nutrición Humana y Dietética por la universidad de Valladolid.

De nutrición precisamente habló hace unos días en Madrid, concretamente de las propiedades de la Picota del Jerte y justo en la jornada dedicada a esta denominación de origen.

“A veces el cliente dice que le apetece chocolate al final del día y que por qué otro producto podría sustituirlo” dice Sonsoles Muñoz, en su papel de nutricionista; “mi respuesta es casi siempre la misma: no se trata de que lo cambies por un poco de pavo, pues posiblemente tras el fiambre te comerás el chocolate… se trata de ver qué es lo que haces a lo largo del día que te lleva a esa necesidad de comer chocolate a última hora”.

Roja y crujiente

La Picota del Jerte es denominación de origen para un tipo de cerezas que se cultivan artesanalmente en las montañas de dicha comarca extremeña.

Se caracteriza porque carece de rabito, el cual queda en el árbol mientras se recolecta de forma manual. De textura crujiente, su sabor es más dulce que el de otras cerezas.

Las variedades amparadas bajo la denominación son Ambrunés, que representa el 30% de la superficie de cultivo del cerezo; la Pico Colorado, con un peso del 10% en el total de producción. Es una de las variedades más antiguas y la última que se recoge en cada campaña.

Navalinda, Pico Limón Negro y Pico Negro completan las cinco variedades de la denominación para esta fruta.

Cuya ingesta recomienda Sonsoles porque “contienen antioxidantes, vitaminas A y C, hierro, calcio, fósforo, zinc, cobre, magnesio y potasio”.

Los antioxidantes de estas frutas permiten combatir los llamados radicales libres “que producen envejecimiento con signos que van desde una mayor profusión de arrugas hasta, en los casos extremos, el desarrollo de algunos tipos de cáncer”, dice Sonsoles.

Foto de familia Día de la Picota del Jerte.

Por su parte, el alto contenido en potasio provoca la reducción de la tensión arterial, ya que “favorece la expulsión de la sal y permite la correcta hidratación de las células, interviene en las contracciones musculares y forma parte de los huesos”, dice la atleta; “las picotas son ricas en fibra, nutriente esencial por su efecto limpiador” y explica: “en las vellosidades del intestino delgado tiene lugar la absorción de los nutrientes; sin embargo, debido al uso de pesticidas en los cultivos y la ingesta de alimentos poco beneficiosos produce una capa de suciedad en tales vellosidades, impidiendo la correcta absorción”.

Sonsoles cita a Tony Hunter, quien obtuvo el premio Príncipe de Asturias por sus investigaciones relacionadas con el cáncer de colon: “decía que con descuido y abuso el colon se convierte en un pozo negro de toxinas que se derraman por el cuerpo”.

Tartar de Picota del Jerte.

Para la nutricionista “la fibra tiene un papel relevante, ya que reduce el índice de absorción de colesterol, al envolver las moléculas del mismo, además de contribuir a una mayor sensación de saciedad”.

Pero hay más: “picotas y cerezas tienen el menor índice glucémico de todas las frutas, esto es, que se da menos absorción del azúcar en forma de glucosa”, dice Sonsoles.

La atleta se muestra firme en la relación que establecemos con la comida: “para ganar un kilo de peso es necesario ingerir 7.000 calorías; por ello cuando alguien se plantea reducir su peso lo primero es marcarse un objetivo”.

“En este sentido, el secreto de la alimentación no empieza en la boca, sino en la planificación”, añade Sonsoles Muñoz.

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