Narcisismo

Narcisismo: en muy alta estima

Actualmente uno de cada cien españoles padece el trastorno de conducta narcisista.

Silvia Resa López

Imágenes: Unsplash.com

La línea que separa la alta autoestima del narcisismo es fina, muy fina; para aquél que padece tal conducta lo importante es preservar su imagen como individuo admirable y especial, por encima de los demás, ser esmerado en acrecentar el valor de sus habilidades y de sus pretendidos logros. El escaparate de las redes sociales propicia tales comportamientos, que suelen traer de cabeza a quienes conviven con esas personas, cónyuges y familiares que llegan a ser víctimas de una baja autoestima, debida en parte a sus recriminaciones y comparaciones continuas.

“Narciso podrá vivir muchos años a condición de que nunca se conozca a sí mismo”, le dice el vidente Tiresias a la Ninfa azul Liríope, madre de Narciso, en las crónicas “Los mitos griegos”, del novelista y poeta británico Robert Graves. Fue precisamente Narciso quien, tras su rechazo hacia la ninfa Eco, sería condenado por Ártemis a la imposibilidad de consumar su amor: “al principio intentó abrazar y besar al hermoso joven que tenía enfrente”, escribe Graves, tras relatar que Narciso se asomó a un arroyo de aguas cristalinas; “pero al poco se dio cuenta de que era él mismo (…) se regocijaba en su tormento, sabiendo que su otro yo siempre le sería fiel”.

La desesperación llevó a Narciso a clavarse una daga en el pecho, brotando sangre que, al caer a la tierra, hizo nacer el narciso blanco, flor cuya corola es roja.

Como dice David Hernández de la Fuente, en su libro “Mitología contada con sencillez”, “los mitos despojaban al mundo de su mayor amenaza, la falta de sentido”. El carácter simbólico de dicha narración ficticia aporta algunos de los aspectos que definen el perfil del trastorno de personalidad narcisista, que afecta en torno al 1% de la población actual.

Desconocerse a sí mismo

Una comunicación gestual dominada por el desdén y el aire de superioridad; un afán desmedido por comunicar únicamente sus logros, sin prestar atención a su interlocutor; un cierto exhibicionismo en cuanto a sus capacidades y el intento de camuflar sus fracasos como éxitos son las características que ponen marco al perfil de persona con trastorno narcisista de personalidad.

Para Manuel Oliva, psicólogo clínico experto en trastornos de Ansiedad, Obsesivo-Compulsivos y de Personalidad, en Center Psicología Clínica, “el estilo cognitivo narcisista se define mediante varios ejes, tales como un bajo ajuste de la realidad, un estilo de pensamiento expansivo, un cierto exhibicionismo en cuanto a sus capacidades y la preservación de su imagen, para presentarse como seres relevantes”. De esta manera, pueden transformar los fracasos en éxitos, por lo que si consiguen algo lo redimensionan y, en caso contrario, echan balones fuera, culpabilizando a los demás; “hay casos en los que es real y se jactan con cierta razón”, aclara Oliva; “aunque en el trastorno acrecientan el valor de lo logrado”.

Emocionalmente aparecen despreocupados, optimistas, aunque presentan indignación ante la crítica y les cuesta reconocer los errores, de manera que “cuando acumulan ira, a veces son personas vengativas”, dice el citado experto, que explica que los grados del trastorno narcisista pueden representarse mediante una gráfica en forma de U: “en el medio estarían los narcisistas saludables, que muestran interés por los demás, no son explotadores sino emprendedores, sin grandilocuencias ni conflictos, dado que poseen autoconfianza”; “en el extremo derecho se sitúa el narcisista pleno, marcado por la arrogancia y la omnipotencia: es el narcisista patológico”; “en el extremo izquierdo aparece el narcisista con baja autoconfianza, que sufre mucho, pues compite continuamente; es vulnerable y tendente a la frustración”.

Una percepción “alterada por sus fantasías” está en la base de tales conductas, caracterizadas porque en principio “mantienen el impulso bajo control”, aunque dada su falta de empatía, el hecho de no saberse poner en el lugar de los demás “los lleva a perderlo, lo que los lleva hacia la ira”, dice Manuel Oliva, quien asegura que las personas que presentan este trastorno son “aparentemente estables, aunque cuando les cuestionan pueden sentirse bajos de ánimo y experimentar tristeza; de hecho, vienen a consulta porque sienten depresión, o perciben que el mundo está en contra”.

En terapia

El narcisita está clasificado dentro de los trastornos de personalidad, los cuales presentan cuatro ejes alterados, como son la percepción del mundo, el control de los impulsos, las relaciones interpersonales y ser lábil emocionalmente, esto es, fragilidad e inestabilidad que lleva al paciente a convertirse en otro. “Según alteración de cada uno de los ejes se habla de uno u otro trastorno”, dice Manuel Oliva, quien describe al narcisista como “una persona segura de sí misma, con un patrón egocéntrico, de grandiosidad, tanto en su imaginación como en su comportamiento”.

Necesitan la admiración de los demás, por lo que están pendientes de la valoración externa”, dice el mencionado psicólogo Clínico, quien describe a los individuos que presentan este trastorno como personas “poco empáticas y con síntomas tales como el sentido de la autoimportancia, la preocupación por las ideas de éxito, de poder, de belleza o de amor un tanto imaginarias; creen que son personas especiales y únicas y sólo comprendidas por gente con su estatus, llegando a desplazar a quienes consideran mediocres”; “por su parte, ellos exigen una admiración excesiva, convirtiéndose en personas pretenciosas, con expectativas de recibir un trato de favor y además de  modo automático”, dice Manuel Oliva, que ejemplifica citando que las personas aquejadas por este trastorno exigen la mejor mesa en el restaurante, el servicio más rápido y dedicado y además de forma preferente. “Son explotadores, sacando provecho de los demás; carecen de empatía, no dan importancia a los sentimientos de los demás, pues son reacios a reconocerlos; frecuentemente envidian al resto, o creen que el resto los envidia a ellos por su belleza, poder o inteligencia”.

“En un momento puntual puede tener un correlato que requiera la intervención psico y farmacológica”, dice Manuel Oliva; “aunque no se trata con fármacos, si en cambio algunos de sus efectos secundarios, como los relativos a estados depresivos intensos, al abuso de sustancias o si presentan cuadros altos de ansiedad; sin embargo, no requieren tratamiento psiquiátrico y en cambio se trabaja sobre el estilo de la personalidad”.

La dificultad del trastorno narcisista de personalidad estriba, según el citado experto, en que “cuando empiezan a trabajar con un profesional suelen abandonar la terapia, pues creen que están bien y que sus síntomas no se deben a sus rasgos; entran incluso en competición con el terapeuta, retándolo”. Una persona con trastorno narcisista busca ayuda, si lo hace, debido al consumo de tóxicos o por la tristeza que experimenta; no obstante, dice Manuel Oliva que llegan a hacer “un examen a su terapeuta, pues temen que hurguen en su interior”.

Sin embargo, cuando el trastorno se mantiene durante mucho tiempo y especialmente a partir de los cincuenta años de edad, algunos se dan cuenta de que han vendido “humo”, lo cual los deprime, dándoles sensación de fracaso absoluto, que en casos extremos los sume incluso en ideación suicida, según este experto.

El origen

“Los dos polos podrían dar lugar al narcisismo extremo”, dice Manuel Oliva, refiriéndose al efecto péndulo existente entre los tipos de educación exigente y rígida y otra más laxa, en la que no se le puede decir nada porque se traumatiza al niño”.

Dicho patrón educativo no es saludable y sí en cambio basar la autoestima en lo que el niño percibe de sí mismo, con sus limitaciones. Ello conlleva el aprendizaje a decir no en un momento determinado, lo que le permitirá manifestar su personalidad y autoestima.

Pero la llave para evitar este tipo de trastornos está en el llamado vínculo de apego seguro, ya que el tipo de vínculo emocional desarrollado en la infancia lo repetimos al llegar a mayores. “Lo importante es poner límites firmes y mantener el afecto”, dice Manuel Oliva, quien habla de la importancia de la presencia del adulto de referencia, que ha de garantizar la comunicación en el entorno familiar.

“Sin presencia de figuras de apego, el niño aprende a distanciarse, a mostrar inseguridad y a construir fantasías de éxito”, dice Manuel Oliva; “la protección excesiva lo lleva a continuar con una valoración externa sobredimensionada”. Pero actualmente hay otro factor: las redes sociales, las cuales coadyuvan al narcisismo: “ha habido un cambio en los valores, con un escaparate mediante las redes sociales en las que prima la belleza, el poder, el éxito, para lucir lo que tengo y aparentar lo que no tengo y hace que la persona viva en la fantasía de poder, belleza y dominio”.

Frente a todo ello, Oliva propone una profilaxis en la infancia, basada en “favorecer el trabajo en equipo, que ese niño aprenda a ser gregario además de líder, que aprenda el valor de la ayuda, de la empatía, que sepa reconocer sus propios errores; que acepte las normas y el hecho de perder”; “a veces, los padres promueven que sus hijos sean ‘los mejore’ en algo, lo que puede causar frustración en el niño o que por el contrario se fragüe la fantasía de que es el mejor”.

Para este experto, “la dinámica familiar es importante, por lo que, si los vínculos entre los miembros generan conflicto, se orienta hacia una terapia familiar específica”; y recomienda: “ni sobrevalorar en exceso, ni ser indulgentes o negligentes, es decir, la figura de los padres como prevención, entendiendo que los hijos no han de ser una prolongación de su yo, sino seres independientes, que para nada han de conseguir lo que ellos no han logrado”.

Variados narcisos

En el gráfico en forma de “U” se distingue entre el estilo narcisista frente al trastorno de personalidad narcisista, que nos describe Manuel Oliva: “en el primer caso, prefiere estar rodeado de gente con talento, sin despreciar al resto; proyecta confianza más que omnipotencia, sin fantasías de éxito; confía en sí mismo, pero tiene aplomo para ser humilde”. Se trata de personas empáticas, con habilidad para el liderazgo que aceptan cumplidos y halagos sin inflarse y que aprovechan las virtudes de los demás, pueden ser generosos y altruistas. Son los “perfectos narcisos”.

Narcisismo es un término que utilizamos popularmente para describir formas de ser exacerbadas a través del escaparate de las redes sociales, que algunos usan para aparentar o mostrar, aunque según los expertos, tal conducta es distinta del trastorno. Es común que en educación los factores de logro, éxito o poder se ponderen, lo cual lleva a algunos jóvenes a “inflarse” por lo que un factor social podría influir en la conducta narcisista.

Detrás de una red social cada cual dibuja el perfil que desea, destaca lo positivo, oculta lo negativo y al enfrentarse al mundo real se comprueba que no es así”, dice Manuel Oliva, quien no ha visto aumento en los casos diagnosticados durante las tres últimas décadas, si bien no es el caso de algunos de los rasgos narcisistas como el exhibicionismo social “frecuente en personas con un estatus socioeconómico elevado”, lo cual se debe, según este experto, a que “a ese tipo de puestos llegan personas con características narcisistas”.

Se distinguen cuatro tipos de personalidades, cada una regida por un tipo de trastorno narcisista:

  • Compensador. Desarrolla ese talante de superioridad, con la búsqueda continua de su grandiosidad, pero a la vez es muy sensible, tiene miedo a la evaluación y compensa su baja autoestima con un escaparate de superioridad, aunque  lo cierto es que es frágil.
  • Sin escrúpulos. Hay un tipo de narcisista sin principios, explotador, que puede incluso ser estafador. Engaña por lograr un estatus; hay una parte amoral en él. No se cuestiona nada, va a lo suyo y en el caso de que produzca daño, justifica siempre su decisión.
  • Apasionado: Cuenta con una gran habilidad para seducir, con un componente erótico sexual, de necesidad de conquista, entendida como competición y para aprovecharse de otra persona.
  • Elitista: No se adapta a posiciones subordinadas, crea una imagen grandiosa, posee un estatus social y/o económico alto que intenta magnificar; mira con desprecio a los demás y las relaciones personales las conciben como competición.

Convivencia difícil

En el gráfico antes descrito, salvo en el valle de la “U”, los narcisismos descritos a un lado y a otro implican una convivencia complicada, pues la crítica no es bien recibida, provocándoles incluso ira; “no podemos destacar sus debilidades ante ellos, por lo que hay que descubrir qué les hace sufrir y ver qué variables creen ellos que provocan su sufrimiento”, dice Manuel Oliva, quien desaconseja halagarlos, ya que reforzaría ese comportamiento altivo.

La persona que convive con un narcisista ha de entrenar el establecimiento de límites, por mucho que pueda admirar a su pareja o amigo”, dice Oliva, que asegura que “el narcisista empequeñece al otro, lo responsabiliza de sus fallos y errores, para quedar así en un plano superior”.

¿Qué puede hacer la otra persona? “la conducta narcisista afecta a la autoestima de la otra persona, pues el primero crece en base al demérito de la pareja o cónyuge”. Expresiones del tipo ‘tú no vales nada’ o ‘no sabes hacerlo bien’ están a la orden del día; “por eso es importante educar en autonomía e independencia” dice este experto; “ya que así podrá cortar con la pareja o con la amistad que presente este tipo de conductas”. Pero la mejor vacuna, como suele ocurrir, es la de la educación “basada en la igualdad, en valores sociales relativos al respeto hacia el otro y en la igualdad”, dice Manuel Oliva, psicólogo y socio fundador de Center Psicología Clínica, en Madrid.

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