Kung-Fu Wine I: Ni frigovinos ni botellas calientes

Drunken Master

A unos les da miedo hablar en público, a otros viajar en avión y hay quien tiembla el sábado por la noche cuando le toca cumplir con la señora, con lo a gusto que se está en el sofá viendo un Levante-Getafe en La Sexta con el peloti en la mano. Yo no tengo problemas con esas cosas porque soy un tío moderno y desenfadado: si no tuviera una vista perfecta me compraría gafas de pasta y escucharía a los Pixies. A mí lo que me acojona de verdad es pedir vino en un restaurante “normal”, es decir, de los de carta pretenciosa y 25 euros por barba. No lo digo por el precio desorbitado, que eso caerá otro día, sino por la temperatura de servicio, casi siempre desastrosa.

Puede ser que la desgracia me persiga y algún mal de ojo me arrastre siempre a los peores locales. O puede ser que el servicio del vino en la restauración española, en general, sea de vergüenza. No sé, no sé. La cuestión es que no suelo atinar y eso frustra, hace que me sienta una persona insuficiente, como decía Andrei Chikatilo. Pido un tinto –el que sea- y, o bien me lo sacan de la nevera y esta a 10º C, o bien lo sirven a 25º C, con el alcoholazo desatado y totalmente imbebible. Si está frío, la gente suele decir: “bueno, ya se calentará”… ¿Cuándo? ¿Para el postre? O “lo acunamos con las manos”, y entonces, ¿con qué manejo los cubiertos? ¿Con los pies?

Si está caliente y pides una cubitera te miran como si fueras un puto marciano, y eso a unos les pone agresivo y a otros les achanta. Según el carácter y el día que tengas. No soy un sibarita, señores, estoy pagando por un vino más que por la comida, ¿por qué los platos sí está a su temperatura? ¿Por qué te arriesgas a que un cliente te muerda la yugular? El país de la trampa es lo que tiene, amiguitos., lo que sea por ahorrarse los 800 pavos que cuesta una cava decente. Habrá que exiliarse a un país más honrado y comenzar de cero nuestras vinícolas vidas.

En fin, es complicado disfrutar alguno de los vinos que copan las cartas de estos sitios si se convierten en Viña Infierno o en Frigomarqués de Cáceres (un clásico en estos lugares). Sólo nos queda quejarnos y hay que seguir haciéndolo, hay que pelear: Kung-Fu wine forever! En España todos sabemos de fútbol, toros y vino, lo llevamos en el ADN. Pues no, ni de coña.

Aquí dejo tres vinos que demuestran –en mi humilde opinión- la importancia de una correcta temperatura de servicio.

  • Ossian 2009 (10 ºC): ¿Deben servirse TODOS los blancos a temperatura glaciar? En general –si son de calidad- no hay que consumirlos por debajo de 8º C, y si tienen madera mucho menos, porque ni saben ni huelen a nada. Ossian, uno de los grandes verdejos de España –no es D.O. Rueda, ojo- tiene un mes de fermentación en barrica más otros 9 de crianza y una evolución en copa acojonante. Servirlo congelado es un delito mayor, que cuelguen de los pulgares a ese camarero ignorante.
  • Viña Norte Maceración Carbónica 2010 (15º C): He aquí un maceración carbónica canario –quizá el mejor español de este año- con una inhabitual complejidad en nariz (frutas, minerales, flores, especias) y estructura en boca que, si lo servimos a 12º C nos lo cargamos, aunque es delito menor. Ahora bien, si lo ponemos caliente, incluso un poco de más, nos lo cepillamos del todo. Los tópicos son para romperlos, mucho cuidado…
  • Prado Enea Gran Reserva 2001 (18º C): Con estos mugas grandes y clásicos, el empate está asegurado desde antes de empezar el partido. Es un error servir un rioja veterano como este a temperatura de cava: hay que calentarlos un poco para que se muestren en todo su esplendor. Lo mejor es decantarlos –en un restaurante de los que he hablado no sabrán lo que es un decantador, si lo pedimos es más que posible que nos traigan un juguete sexual-: ganan un par de grados y dejamos de lado las precipitaciones; adiós a los posos y a los restos de tartárico.

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