Helena Calvo, psicóloga especializada en hipnosis clínica y terapia multidisciplinar: “La hipnosis no obliga a nadie a hacer algo que no quiera”

Silvia Resa

“A mí no hay quien me hipnotice, no sirvo para eso” –dice CW Briggs, un investigador de seguros muy reputado en una compañía estadounidense durante la década de los cuarenta del siglo pasado-. “Mire al escorpión, ojos sólo para el escorpión; oídos atentos sólo para mi voz” –le dice el hipnotizador, que dirige un espectáculo en un local de la ciudad-.
“La rendición de la mente” –vuelve a decir el hipnotizador, mientras utiliza un escorpión de jade en forma de péndulo, ante el abandono casi inmediato de la voluntad del señor Briggs. “¿Cómo se llama? ¿A qué se dedica?” le pregunta al señor Briggs mientras inicia la sesión de hipnosis.
Y ya está, así de fácil se hipnotiza a una persona, al menos en la versión cinematográfica de la película “La maldición del escorpión de jade”, cuyo guión, dirección y coprotagonización, esto último junto a Helen Hunt, corresponde a Woody Allen.
En la citada comedia de enredo de 2001 el hipnotizador es en realidad un delincuente que hará uso y abuso de su habilidad para inocular en la mente de Briggs y Fitzerald, personajes interpretados respectivamente por Allen y Hunt, la palabra clave ‘Madagascar’, que servirá para llevar a cabo un ingenioso plan relacionado con el robo de joyas en mansiones propiedad de algunas familias adineradas.
“Durante la hipnosis el paciente presenta una atención focalizada, una disminución de la concentración y de la activación periférica, es decir, lo que hace es atender a la hipnotizadora, reduciendo su atención hacia otros estímulos externos, pues la clave está en la sugestión”, dice Helena Calvo, psicóloga especializada en el uso de la hipnosis clínica.
Dice Helena que el desencadenante es así de simple, si bien es cierto que ni todo el mundo puede o debe ser hipnotizado, ni la persona pierde en ningún momento la consciencia; “tengo un péndulo, pero no lo utilizo” comenta sonriente la terapeuta, para quien la hipnosis es una herramienta más en la consecución del principio básico de todo psicólogo: “nos dedicamos a la normalidad”.
“En hipnosis lo que se hace sobre todo es controlar la emoción; se trata de una herramienta de la que nos valemos para que el paciente sea receptivo a lo que le digamos”, dice esta experta en el uso de técnicas integradoras que aúnan la psicoterapia, las terapias cognitivo-conductual, humanista, psicodinámica, transaccional y sistémica, además de la sincronización hemisférica cerebral y la ya citada hipnosis.

Perdona la ingenuidad pero ¿hipnotizar es así de fácil, tal y como se ve en las películas?
Sí y no, me explico: no se puede hipnotizar a quien no desea ser hipnotizado, en contra de su voluntad; ni tampoco se obliga a nadie a hacer algo que no quiera, pues el observador oculto vigila. Es decir, que la persona puede llegar a mentir, o no responder pues jamás pierde el control e incluso recuerda lo que ha dicho.

Va a ser entonces que en los espectáculos no se hipnotiza a nadie
Tampoco es así, pero en los escenarios las personas a las que se elige para ser hipnotizadas son en realidad colaboradores ocasionales a los que se les ha de hacer previamente una evaluación, ya que hay que tener en cuenta la sensibilización de la persona y comprobar que tiene una buena salud mental.

¿Cómo funciona el mecanismo de la hipnosis como técnica terapéutica?
En terapia lo que hace la persona, el paciente, es atender al hipnotizador, quien a través de metáforas consigue un cambio a nivel cognitivo, emocional y fisiológico; puede decirse que la hipnosis hace las veces de desensibilizador emocional. Por ejemplo, si se trata de un paciente que presenta fobia a los perros, se utiliza la hipnosis para sugestionarle de forma directa o indirecta hasta conseguir que se sienta relajado. De alguna forma se le está convenciendo de aquello que la persona desea modificar para resolver sus miedos o conflictos y mejorar.

¿Puede convertirse en arma de doble filo?
Ya digo que hay que tener muy presente la sensibilización del paciente, evaluar su grado de sugestionabilidad para comprobar sus respuestas cognitivas, emocionales y fisiológicas cuando se produce ese conflicto que la persona desea solucionar; la hipnosis es preciso realizarla de forma individual, además de proporcionarle al paciente una herramienta de autohipnosis.

¿Para que se hipnotice a sí mismo?
La hipnosis tiene un tiempo de efectividad, por lo que mediante esta técnica el paciente puede activar ese mismo estado en su día a día y así manejar la situación, sea real o no.

Es decir, que el problema puede que no sea tal y tan sólo esté en la mente de la persona, ¿es así?
En la técnica de la regresión, que también es hipnosis aunque se expone al paciente a situaciones ocurridas en el pasado, lo que me interesa es lo que crea la persona, la emoción que sienta, pues lo que hago es pedir a su mente inconsciente aquellos recuerdos que estén relacionados con el tema que vayamos a tratar.
¿Cuál es el secreto de la gente feliz?
La adaptación y la flexibilidad, es decir, estamos en un momento en el que todos queremos una vida equilibrada, pero donde conviven creencias no adecuadas, como por ejemplo que hay que conseguir la felicidad en todo momento; entonces el primer problema es la aceptación de nuestros sentimientos, y después saber gestionar nuestras emociones.
 Y ¿qué hacemos para conseguir ese ansiado equilibrio?
Creencias, emociones, conductas y pensamientos han de unirse para lograr el equilibrio; sin embargo, si es preciso modificar alguna de las tres primeras ha de hacerse a través del pensamiento. Por tanto si soy consciente de lo que pienso puedo obtener lo que quiero.
¿Cuánto tiempo cuesta curarse?
Hay tres elementos, uno de ellos el tiempo que a su vez está en función del grado de apertura y de esfuerzo del paciente; a veces se producen demoras en la terapia debido a las llamadas ganancias secundarias, esto es, el refuerzo que realizan las personas del entorno del paciente y que contribuyen al mantenimiento del conflicto, como ocurre en algunos casos en los que la persona se considera una víctima.
Otras veces la demora viene por el hecho de que el paciente no desea cambiar; aquí como en el caso de la hipnosis clínica, no se puede modificar nada, pues la persona no lo quiere.

Y es que, según dice Helena Calvo: “En ocasiones a las personas hay que enfrentarlas a la situación, por ejemplo una baja resistencia a la frustración o la sobreprotección… el origen está en la infancia, cuando se forma el mapa cognitivo y emocional”

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