día mundial de la felicidad
Imagen: Priscilla du Preez/ unsplash.com

Felices para siempre

La filosofía Hygge propone disfrutar de las pequeñas cosas.

Silvia Resa López

Hoy viernes 20 de marzo es el Día Mundial de la Felicidad; proclamado como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012. Un año después empezamos a celebrarlo, con lo que éste es ya el séptimo recordatorio; pero ¿dónde está la felicidad: en los grandes logros, acaso en elevadas metas? Estilos de vida como el declarado por los daneses, que al parecer son los más felices del mundo, se inclinan por buscar la felicidad en el otro extremo: los pequeños detalles.

Dicen quienes saben de emociones que la felicidad es un estado, una forma de contemplar las cosas que nos ocurren cada día que nos proporciona bienestar emocional. Para alcanzarla cada cual tiene su método, pero en lo que sí coinciden los expertos es en que se trata de un estado efímero, no permanente. Es decir, que va y viene.

Desde hace siete años, cada 20 de marzo el término felicidad vuelve a sonar, pues en tal jornada se conmemora su día internacional. Diversos estudios no terminan de dar con un “medidor de felicidad” viable, dado que es el mismo que se utiliza para el caso de algunas enfermedades mentales, por lo que no se trata de parámetros objetivables. “El estudio de los efectos hormonales inducidos por la emoción de alegría es un área pendiente de investigación”, dice Enrique Fernández-Abascal en “Psicología de la Emoción”; “se ha planteado que la risa, en cuanto manifestación de alegría, motivaría modificaciones endocrinas diversas, tales como el incremento de la secreción de endorfinas y catecolaminas”.

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Emoción de la alegría

En cualquier caso, la felicidad se basa sobre todo en la emoción de la alegría, palabra que proviene del latín alicer, que significa vivo o animado, en referencia a que el sentimiento que nos provoca es de vigor y energía. “Es una emoción de tendencia extrovertida, que nos mueve a actuar, a expresar y a compartir con los demás”, dice Anna Llenas, en su libro “Diario de las emociones”.

Considerado como sentimiento positivo, expertos como Fernández Abascal definen la alegría como aquello que surge “cuando la persona consigue alguna meta u objetivo deseado, o también a partir de una experiencia estética, por ejemplo, la contemplación de una obra de arte”. A la felicidad se llega desde la alegría y ésta a su vez puede provenir de la eliminación de contingencias negativas como en el caso de alivio de un dolor o también por el desencadenamiento de hechos positivos, por ejemplo, al recibir el reconocimiento profesional.

Estudiosos de la emoción como Fridja y Levenson se llegan a plantear incluso el papel de la alegría en la adaptación de la persona a su entorno, puesto que tal papel es el que juegan otras emociones como la ansiedad o el miedo. La respuesta hay que buscarla, según Fernández Abascal, “en los efectos que genera en a regulación de los sistemas biológicos y psicológicos de la persona y en las funciones que desempeña en la interacción de aquélla con su medio social”. Destaca, sobre todo, lo que se conoce como optimización de la respuesta inmune y es precisamente el sistema inmunológico uno de los más relevantes para la vida; “la alegría podría actuar como una emoción que atenúa la respuesta fisiológica al estrés, o que agiliza el reajuste homeostático del organismo tras afrontar una situación de este tipo”.

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Es decir, que la emoción de la alegría y su expresión máxima en la felicidad promueven la homeostasis, el equilibrio de nuestro organismo, que es desde todo punto de vista el estado ideal de salud. Pero hay más efectos beneficiosos de la alegría, de la felicidad: mejora de la memoria, aumento de la flexibilidad cognitiva (que a su vez facilita la creatividad) y de nuestra predisposición a experimentar nuevas situaciones; “cuando nos embarga la alegría”, dice Fernández Abascal; “nos resulta más fácil planificar y adoptamos decisiones de forma mucho más rápida, aunque no por ello de manera irreflexiva”.

Cómo ser alegre y hygge

Para ser felices los expertos recomiendan la práctica de algún deporte o actividad física, las cuales liberan endorfinas y permiten el círculo virtuoso serotonina-melatonina. Es decir, que la producción de la primera eleva el estado de ánimo, produciendo alegría y felicidad; a su vez, genera la secreción de melatonina, la hormona que garantiza nuestro sueño y por tanto la estabilidad emocional y física del día siguiente. En el círculo virtuoso ese equilibrio incide de nuevo en la producción de serotonina y así un ciclo de nunca acabar.

Trabajar la autoestima, dándonos un capricho merecido cada cierto tiempo y aprender a querernos son también formas de conseguir felicidad, al igual que cuando nos rodeamos de gente positiva, que se expresa y actúa como tal. El mindfulness, o atención plena en el presente, nos evita sentimientos aversivos como la culpa por el pasado y la preocupación por el futuro.

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Pero hay otra herramienta puesta en marcha por los daneses, uno de los pueblos más felices del planeta; se trata de la filosofía Hygee, un estilo de vida basado en dedicar un tiempo a aspectos o acciones que nos hagan sentir bien tanto con nosotros mismos como con las personas a quienes apreciamos cada día.

Un decálogo de siete puntos propone acciones tales como “buscar el momento” para cuidarse, para relajarse y disfrutar con pequeñas cosas. “Abrir las puertas de nuestra casa” para ejercitar el espíritu de hospitalidad (si bien es cierto que en estas semanas quizá sea el punto a posponer); “crear un ambiente propicio” mediante la iluminación, temperatura, música ambiente y aroma de la estancia. Como se trata de procurar la armonía, los temas de conversación eluden política, religión y sexo… nada de estrés, ni siquiera en estos momentos de “encierro”.

Dicen los expertos en Hygge que esta práctica funciona mejor entre pocas personas, cuestión que situaciones como las actuales nos lo facilitan. Se recomienda también “pensar en el menú”, actividad que va desde el hecho de cocinar juntos al de degustar quesos y vinos escogidos para la ocasión.

Tradiciones

Esta filosofía tiene mucho que ver con las tradiciones y por tanto tiene en cuenta a los antepasados y con aquellos objetos que tengan para nosotros un valor sentimental. La comodidad es otro aspecto favorable al movimiento Hygge: velas perfumadas, quedarse un rato más en la cama, tomar un buen café/té, la lectura de un libro o un chocolate caliente pueden hacer maravillas en nuestro estado de felicidad.

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Otro de los puntos Hygge es “exprésalo”, dilo con palabras, gestos y con el tono de voz. Se trata de compartir el momento, que se completa con grandes dosis de mindfulness, esto es, “ser conscientes” del momento presente, para disfrutar del ahora. Puede que así logremos la felicidad; al menos así lo afirman los daneses, que junto con los finlandeses son quienes más saben de felicidad.

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