Luis Castellanos
Luis Castellanos.

El juego de las palabras

Luis Castellanos, experto en comunicación consciente, nos habla sobre el lenguaje para la desescalada.

Silvia Resa López

Luis Castellanos es experto en palabras como tiempo, robustez, felicidad o armonía. En su palabrario de vida, una especie de vestidor de conceptos, acoge y recoge esos términos que podemos convertir en campos de fuerza, pues el para qué de esta pandemia tiene, según él, nombre de oportunidad con la que crear un nuevo futuro.

En sus libros, Luis Castellanos, uno de los mayores expertos en comunicación consciente y positiva del país, nos habla del poder de lo que hablamos y hasta de la alegría que nos proporciona. En época de desescalada, parece que nuestro lenguaje ha cambiado; dice Luis que manejamos palabras de categorías como la económica, política, sanitaria o social, aunque nos hemos olvidado de la espiritual “que es la que nos aporta fortaleza”; “cuida tu lenguaje y él cuidará de ti”.

“La ciencia del lenguaje positivo”, “Educar en lenguaje positivo” y “El lenguaje de la felicidad” son títulos en los que este especialista nos muestra cómo la experiencia de hablar asertivamente, usando términos asociados a lo que suma, en lugar de restar, nos hace más felices, al tiempo que mejora nuestra salud. Mientras hemos estado en cuarentena, emociones tales como el miedo, la frustración, la soledad, la ira o la tristeza han aparecido con fuerza, en algunos casos para quedarse. El autor de los libros citados nos propone, en esta entrevista concedida a VELT, que antes que la fuerza debe estar la fortaleza, la cual reside en lo espiritual; un lenguaje, por cierto, del que parece que nos hemos olvidado.

¿Qué le ha pasado al lenguaje, a las palabras, desde mediados de marzo?

Le he estado dando muchas vueltas a estas nuevas palabras, pues el propio desconocimiento de lo que se hablaba me llevó a reflexionar acerca de que tomamos decisiones sin saber lo que pensamos; empecé a fijarme en por qué tomamos más decisiones basadas en lo que pensamos antes que en lo que sabemos. Es el poder de nuestras creencias, el totalitarismo de ciertos conceptos que marcan tendencia, que no futuro, y que tienen un protagonismo tremendo. La alternativa es contar con palabras que actúen como campos de fuerza para protegernos de la avalancha que nos viene de fuera.

En este sentido, hay palabras para crear lo extraordinario, para aquello que hemos cambiado o fortalecido, ya que, ¿de qué nos olvidamos en este proceso? Quizá de términos como abrazos, besos, delicadeza, ternura, es decir, la forma más espiritual, más genuina. Entre tanto lenguaje aparecían ciencia económica, sanitaria, política y nos olvidamos de la espiritual y es esta ciencia la que nos da la fortaleza, pues es un conjunto de conocimientos obtenidos que actúan como campos de fuerza. No obstante, estas palabras quedan olvidadas por otras totalitarias que generan la tendencia; pero son las espirituales las que crean el futuro.

Hay que reivindicar esos constructos campos de fuerza, que son los términos para crear lo extraordinario, para saber cómo narrarnos, pues si hay algo que nos ha faltado ha sido un buen guión de vida.

¿Qué te parecen los términos pandemia, confinamiento, cuarentena, encierro, desescalada, nueva normalidad, pantallas, aplauso, síntoma, valentía, desconfianza, prohibición, alarma o resiliencia?

Forman parte de un glosario que ocupa un espacio, lo que implica que algo se queda fuera, pues en realidad somos espacios que vamos a lugares. Por ejemplo, el término nueva normalidad es una expresión introducida de forma perversa, para recolocar el lenguaje y lo que necesitamos son nuevas habilidades, que no conseguimos mediante este tipo de términos. De seguir así, vamos a volver a lo de antes, a tener progreso, en vez de prosperidad, a la eficacia y eficiencia en lugar de a la robustez que, por cierto, es una palabra que me encanta.

Si esa tendencia se mantiene en el tiempo, nos hará olvidar lo valioso; es el caso de la crítica que se hace a conceptos como la felicidad, que la mayoría confunde con lo que la niega, es decir, con el consumo, la satisfacción o un positivismo que a su vez está sobrevalorado; dicha palabra ha perdido su campo fuerza debido a la tendencia. El reto está en recuperarlo, pero ésta es una historia de humanidad, no de uno solo; está también la palabra tiempo: poco a poco lo que hemos tenido es la capacidad de guardar silencio, de estar quietos y desde esa quietud ver y manejar nuestro propio tiempo, encontrarnos con él, tener la habilidad de encontrar un horizonte diferente, desde ahí sí se podría recuperar.

¿Cuál crees que debe ser el lenguaje, el palabrario usado durante la cuarentena y la post cuarentena?

Hemos empleado palabras de pandemia, mediante las que nos hemos revelado cada uno de nosotros, hemos descubierto los principios básicos con los que las personas hemos estado operando. El lenguaje con el que interactuamos, también el gestual, muestra que queremos progresar, en vez de ser prósperos y esos términos expresan a su vez cómo pensamos el futuro, cómo es el guión de nuestro porvenir, en el que quedaron atrás la sencillez, la calidez, la compasión o la sinceridad. Otro elemento de nuestro palabrario es el de tiempo, pero muchas veces no tomamos conciencia del mismo, porque buscamos la eficacia y no lo que la proteja, no nos damos cuenta de que somos tiempo. Es también importante cuidar el de las otras personas, pues ha habido despedidas y qué duro ha sido para ambas partes. Por esto ahora, cuando volvemos, invito a que generemos nuevos espacios para nuevas palabras.

¿Hay responsabilidad por parte de los líderes políticos y sociales en este uso del lenguaje?

Tenemos políticos narcisistas, que no ven a los demás. Hay narcisistas perversos, que se acercan a la figura del psicópata. El gran político, en cambio, cuida el tiempo de las personas y si ha de negociar con los otros, lo hace, pues el bienestar ha de ser eficiente, útil, que no perfecto. He descubierto que la responsabilidad de los políticos, manifestada a partir del control y de los aspectos científicos, se ha centrado en cuidar el tiempo de vida de las personas, lo cual no es felicidad, sino sólo bienestar. Se ha ido mucho tiempo de vida, que es lo que realmente da bienestar. Y esto se debe a que falta la palabra tiempo, a tiempo y en el tiempo de las personas, pues la felicidad es el acto voluntario de trascender, de sacar afuera lo que está oculto, y es un proceso donde el dolor y el sufrimiento aparecen constantemente. Robándonos el tiempo, nos han quitado el propósito de vida, que es precisamente lo que le da el sentido.

Somos un rebaño medianamente satisfecho; las decisiones que toman ahora los políticos, los grandes economistas y los empresarios se basan en estar callados, porque saben que todo esto pasará y se volverá a la normalidad del rebaño. No se nos ha educado, no está en nuestro currículo, pero hay palabras para crear lo extraordinario, el campo de fortaleza. Necesitamos abrazar, ser soñados, queridos, pero para eso hemos de buscar esa capacidad creativa. No obstante, esa parte que da lugar a lo extraordinario va lenta, ya que, a la vez, estamos deseando volver a lo de antes, por lo que propongo entrenarnos en amabilidad y en compasión.

Nuestros líderes son jóvenes, pero no cuidan el tiempo de vida de las personas, que es lo que abraza el estado de bienestar; no se han abierto a un horizonte, pues no es su horizonte vital, son jóvenes sin experiencia. No obstante, la sabiduría no es exclusiva de las personas mayores, hay varios tipos, por ejemplo, para dirigir empresas, países, donde hay que cultivar la utilidad, la compasión, generar eficiencia, eficacia y también robustez.

La buena noticia es que hay una generación de mujeres mandatarias, en sus correspondientes estados de bienestar, que actúan mediante la cooperación y el diálogo, conceptos robustos que generan eficacia y eficiencia, en vez de buscarlas. Te revelan lo que ya sabes o intuyes, pero de mejor manera con sus reflexiones. Necesitamos una buena espiritualidad que nos acerque a los otros, eso es armonía iniciática, en el sentido de empezar un camino.

¿Qué podemos cambiar con las palabras en este presente que vivimos?

El ser humano lo que más desea es amar, ofrecer su compasión. Podemos cambiar nuestro destino con las palabras; debajo del equilibrio perdido algunos hemos encontrado la armonía con conceptos de campo de fuerza; son palabras desde dentro. Y es que obtenemos robustez con la armonía, pues con ella somos capaces de escuchar, de perdonar y mantener una buena historia de vida, tomando conciencia de lo que ocurre. En relación con este concepto, la vulnerabilidad supone la falta de equilibrio, pero no de armonía.

¿Cuál o cuáles son tus palabras favoritas de esta cuarentena?

Tengo muchas palabras, empezando por la citada robustez, concordia, cuidado, calidez, creatividad, proteger (como adultos educamos, protegemos los sueños de los demás), liderazgo, felicidad (un concepto recuperado), estupidez, optimismo, despedida, tiempo, autenticidad (correlación entre el habla interior y los hechos; cuando se ve el hecho, es el valor del ser humano), sabiduría, miedo, aliviar, compasión, protección, bondad, cantidad (aquella que podemos dar y ejercer).

¿Cómo completarías la frase si la empezamos por la palabra afortunadamente?

Afortunadamente he podido pensar lo valiosa que es la vida… aumentar el nivel de conciencia de una persona.

Esta situación creada por lo que algunos denominan el fluir del planeta, ¿crees que modificará nuestra forma de hablar? ¿opinas que usaremos términos positivos o, por el contrario, nos quedaremos en los términos acuñados durante la crisis?

Podríamos construir el relato que nos cambió a cada uno, partiendo de aquello que me cambió, que nos cambió, por ejemplo: sentí un deseo de vivir, imaginamos que todos serán buenos los unos con los otros, no lo dudamos por un instante, aunque sin olvidar que somos nosotros, con nuestra condición humana. Es decir, que hay que trabajar en actos cotidianos de calidez, de afecto, sin avergonzarnos por reconocer estos términos como valiosos. En este sentido, hemos de ser perseverantes y constantes día a día, para ver cómo es el corazón que deseamos.

Creo que volveremos al ruido, pues si no habrá recesión económica, pero, ¿qué pasa con la recesión humana?; perdemos la creatividad sobre nuestro futuro y tendríamos que saber ya que la felicidad es un acto creativo. Es por ello que necesitamos entrenar nuestra mente en la ciencia del espíritu, en la cuantificación de conceptos como compasión, ternura, afecto, amabilidad y en todos los contextos, no sólo en el familiar, porque ¿cuántas veces decimos al día estas palabras magnéticas?

¿Qué palabra le darías a:

  • Un recién nacido
  • Una persona con 80 años
  • Un adolescente
  • Una mujer
  • Un hombre?

Está el poder de la palabra bien elegida, de la palabra magnética, su fortaleza. A todos y cada uno les diría la palabra ama. Al recién nacido le regalaría términos como optimismo, acercarse a la vida con amor, caricia, beso, el amor que te doy. A un adolescente: aprende a amar, primero a ti mismo, para amar a los demás. A un hombre y a una mujer adultos: poner la palabra amor ante sus ojos como un original, como un recién nacido que empieza a ver. Es la palabra fuente del ser humano. A una persona con 80 años, le daría y diría la expresión ‘sigue amando’.

Me gusta la palabra porque es física, es una herramienta, tiene una fortaleza; la inventamos para hacer la ciencia del espíritu. Necesitábamos poner nombre a conceptos como mujer, beso, hijo, pero también a los originarios negativos, los que se pueden convertir en la ciencia del bien; en este sentido, tenemos que ver cómo elegimos el lenguaje y convertir esas palabras en campos fuerza para crear futuro.

¿Y a una persona mayor enferma de Alzheimer o con deterioro cognitivo?

En el lenguaje está la vida y la mirada es muy importante, especialmente con enfermos de Alzheimer, quienes han de tener siempre un presente valioso, el cual sobresale con una fuerza poderosa, para que no sufra. Las palabras curan, ayudan a sanar el tiempo; las narraciones permiten ver la esperanza que nos damos y otorgamos; no olvidemos que el hecho de cambiar pequeños detalles es acercarnos a la realidad con amor.

¿Cuándo es más fácil crear o innovar con las palabras: en una situación en la que nos sentíamos invulnerables, como antes de la cuarentena, o en estos momentos?

Hay palabras que pueden crear lo extraordinario, pero si le quitas su compañero, las dejas vacías. Porque el lenguaje no es para la desnudez, sino para decirte quién eres, esto es: el primer pensamiento más íntimo de uno es el hecho, es lo auténtico, lo verdadero. De ahí la expresión ‘palabras habitadas’, pues hasta el narcisista puede usar la compasión, la empatía o la ternura, aunque sea para manipular, pareciendo que es sincero y honesto, pero sin habitarlas, pues requiere armonía. Podemos darnos cuenta de la manipulación, pero en ocasiones llegamos tarde. Las palabras no habitadas no tienen ningún horizonte, no cuidan nuestro tiempo.

La paradoja es que lo que deseamos es ser felices, pero ni siquiera sabemos lo que es. Te cuentan historias emocionantes, pero no saben lo que es. La felicidad es algo útil. Tiene que ver con esa decisión consciente del qué sucede y decido. Hay una expresión que me llama la atención como es la de ‘morir solo’, que en realidad es la soledad del tiempo que se ha ido.

¿Hay un para qué en lo que está ocurriendo en el mundo?

Para hacer nuevos escenarios mundiales; es una oportunidad para crear lo extraordinario, pero en todo tiempo y con diversas situaciones, pues cuando aceptamos la vulnerabilidad somos más hacedores de futuro. Es una oportunidad para tener esmero, cuidado, robustez, para que lo que parezca tendencia y no es futuro lo cambiemos por el porvenir que queremos crear. Somos todos una unidad, la palabra esmero es como decir: cuida, entrénate, es una palabra muy acogedora. También nos permite ver cómo damos respuesta a la vida, no a la muerte; es para lo que ocurre esto, porque vamos a seguir viviendo. El palabrario utilizado nos puede dar una visión de cómo vamos a mirar el futuro, la vida. Hemos vuelto, en cambio, al lenguaje de antes, a las palabras que ya ocupaban nuestra mirada. Por eso invito a que reflexionemos a propósito de lo que puedo aportar desde lo que soy, desde lo que tengo; qué preguntas me puedo hacer para generar esperanza, desde donde estoy, pues por eso soy y somos valiosos. Somos generadores de esperanza, no sólo en nuestro ambiente personal, sino también en el público, donde actuamos desde lo que tenemos.

“Escuchar es dejar transformarse por la palabra del otro”, dice el coach argentino Luis Carchak ¿cómo traducimos esta máxima al lenguaje que habitamos?

Generar esperanza, es lo que podemos hacer cada uno. Y también paz. ¿Puedo aportar hoy un poco de paz? Hacernos esta pregunta cada día, pues es esperanza. Paz es quitarse la angustia, el estrés y la ansiedad. Exactamente, estoy de acuerdo con esa frase.

“Hay personas que nos hablan y ni las escuchamos; hay personas que nos hieren y no dejan cicatriz; pero hay personas que simplemente aparecen en nuestra vida y nos marcan para siempre” decía la poetisa brasileña Cecilia Meireles; ¿ocurre lo mismo con las palabras que nos decimos y pronunciamos?

Hay veces que cuando estamos con otras personas, usan un dispositivo electrónico mientras aseguran que nos están escuchando; en mi caso les digo que no soy escuchado y necesito que me escuche; a renglón seguido, me levanto y me voy. Es cierto que a veces se justifica una cosa por la otra y se deja pasar, pero creo que si lo necesitamos hay que decirlo, expresarl esa necesidad de que nos escuchen. Estamos pidiendo responsabilidad a mandatarios y poderosos, pero también hay que exigírselo a la educación, decirles ‘no malgastéis mi tiempo, que soy yo’. Porque, ¿qué horizonte vital nos va a quedar en una pantalla? Éste no puede ser el futuro del ser humano.

El lenguaje es físico y se puede elegir; es cuantificable y hace que tenga calidad y calidez. Invito a que nos preguntemos ¿qué puedo hacer con lo que tengo?, ya que nuestros límites son nuestras posibilidades. Y propongo recordar que hay palabras hermosas que, usándolas, producen belleza y con ello el cambio.

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