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Vivir en La Tierra

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De Daniel Bryan a Carlos Pérez Tenorio: gente que mueve masas

Jul 7, 2021
Daniel Bryan

Forrexter

Es raro este titular. Muy raro, lo admito… pero ya tenía ganas de escribir de momentos épicos -o que a mi me lo parecen- porque sí, porque al fin y al cabo el site es mío y me apetece. Así que vamos al lío.

El pasado jueves 1 de julio se celebraban en Madrid los premios Hot Concepts de la revista Restauración News. No, no os asustéis; no voy a hablar de ellos. Sólo voy a hacer referencia a un momento que, personalmente me emocionó mucho y que me hace pensar que quizá he visto Braveheart demasiadas veces (sí, sí, aquella de “podrán quitarnos la vida, pero no nos quitarán ¡la libertad!”). Un momento de esos que yo califico de épicos, en el que una persona es capaz de poner en pie a una multitud por una causa mayor que todos ellos juntos. Y eso para mí es liderazgo.

Fue Carlos Pérez Tenorio quien lo hizo. Y muchos dirán “¿Quién es ese señor?”. Pues ese señor es, para empezar, precisamente eso: un señor. Periodista de formación y que desde hace mucho se dedica a la hostelería. En la actualidad, como presidente de Foodbox y de la asociación Marcas de Restauración que, durante los Hot Concepts se llevaba el premio honorífico de la revista.

Un aplauso ¡Qué aplauso!

Ese fue, en mi opinión, repito, el momento de la gala. El momentazo en el que Pérez Tenorio, que no sabía que se habían llevado ese premio, subía al escenario y así, improvisado, pedía que todos los asistentes en el Teatro Goya de Madrid y se dedicaran un aplauso los unos a los otros; todos ellos hosteleros, puestos en pie. Y la gente respondió. Todos en pie: mirándose unos a otros, aplaudiéndose con más fuerza de la que se dedicó al resto de intervinientes en la gala. Un aplauso de corazón entre gente que era incluso competencia. Y yo, emocionada.

Ya lo he dicho: he debido ver Braveheart muchas veces.

Pero a lo que iba: hay personas, ciertas personas, que no necesitan mucho para mover multitudes. Simplemente una buena dosis de credibilidad, carisma y conocimiento de lo que se habla, respaldado por trabajo duro a lo largo de muchos años… son líderes natos. Y eso es lo que me hace enlazar a Carlos Pérez Tenorio con Daniel Bryan (perdóname Carlos por el paralelismo). Que, igual que antes, muchos diréis “pero ¿Quién diablos es ese señor?”.

Bueno, partamos de la base de que yo tengo una vena friki difícil de esconder. No lo hago, no podría. Y entre algunas de mis aficiones se encuentra el wrestling: concretamente la WWE. Daniel Bryan es una de sus superestrellas. Quizá una de las más improbables. Y me explico.

Yes! Yes! Yes!

Quién más y quien menos, aunque no lo sigamos, todos sabemos como son esos señores que dedican su vida a fingir que se pegan, para entretener a grandes y pequeños: tíos enormes, súper hormonados -negaré haber dicho esto siempre-, altísimos ,etc, que suelen interpretar tal o cual estereotipo americano o de otro país. Daniel Bryan rompía por completo ese molde: 1,78 -siendo muy generosos-; cuerpo normalito tirando a retaquillo; nada reseñable salvo una técnica muy depurada y un carisma que le hizo merecedor de un doble título en 2014, en la XXX Wrestlemania (Para los que no lo sepáis, esto es muy importante en ese mundillo: EL EVENTO). Además de eso, Bryan tenía un don que yo misma experimenté en primera persona: era capaz de levantar a un estadio entero al grito de “Yes! Yes! Yes (sí! sí! Sí!)”. Su grito de guerra, reivindicándose ante todos.

Daniel Bryan. Imagen: Wikipedia Commons.

¿Por qué la gente se levantaba al paso de Bryan? Lo he vivido: he estado en un estadio gritando eso a su paso, como las otras 20.000 personas que había allí. Sabiendo que todo es espectáculo, pero convencida de que había que hacerlo, había que secundar a Bryan. Con el corazón inflamado. ¿Por qué pasaba eso? Porque todos los presentes más allá de quienes fueran o su realidad cotidiana encontraban fácil identificarse con un hombre que estaba siendo maltratado, menospreciado por su compañía y que, aún así, plantaba cara y se llevaba los títulos para los que -literal- su jefe afirmaba que no estaba preparado.

Daniel Bryan daba esperanza a la gente normal. Movilizaba a la gente normal, que empatizaban con él porque, reconozcámoslo, todos hemos tenido un abusón en nuestras vidas. Y el paralelismo está ahí: Perez Tenorio y Daniel Bryan inspiran a sus iguales, les hacen creer en algo mejor, los mueven. Son líderes natos.

Liderazgo

Quizá exagero, quizá no… pero aún queda gente así y es la que mueve a otra gente. No es necesariamente el que tiene un cargo, el que hace un discurso, el que tiene más dinero o es el más guapo… ni siquiera el presidente (que se lo digan a Biden). Necesitamos gente así, que impulse a otra gente por una causa y a ser posible positiva, que inspire, que haga creer, porque el último año y medio que nos ha tocado vivir nos ha minado la moral hasta niveles indescriptibles.

Hacen falta personas capaces de llevar a los demás a un estado mental de fuerza tal que les ayude a conseguir metas que, de otro modo, considerarían imposibles. Porque abundan los que precisamente hacen lo contrario. A lo mejor incluso disfrazándolo de buenrollismo impostado y que logran que todos a su alrededor estén molestos. Hacen falta de los otros.

Y el rollo que acabo de soltar ¿Qué?

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