Sala de Oceanika.

Cuando crees que me ves

El restaurante Oceanika y el juego de comer divertido

Silvia Resa

Definitivamente lo que mejor marida con el buen hacer gastro de Oceanika es la magia, aunque en este restaurante madrileño de raíces iberoamericanas nada es lo que parece, por lo que el comensal no sólo come o cena, sino que disfruta con el juego de la adivinación pues si, pongo por caso, los ojos dicen que es café, el paladar opina que se trata de aromas de marisco y verduras. Este próximo viernes, coincidiendo con la fecha de su primer aniversario, acogerá al ilusionista Álvaro Molero… no digo más: magia al cuadrado.

Sabores latinos en trampantojo. Así resume Carlos Andrés Pérez, copropietario junto a Filomena Grudeski, el perfil de Oceanika. Se expresa tranquila y sosegadamente con una sonrisa alargada, mientras coloca en la mesa el primer plato del menú degustación: La cafetera desestructuradora.

La cafetera desestructurada.

Bien, ya me han advertido que en este restaurante ves una cosa pero huele y sabe a otra y a pesar de que no quiero ser esclava de mi percepción lo visual intenta mandar en mi decisión. La sonrisa de Carlos se acompaña esta vez de un silencio largo, pues tal y como confiesa más adelante le encanta ver la reacción de los clientes ante esta apuesta divertida en el comer.

El pretendido café resulta ser un caldo de verdura y marisco, repartido entre las tres partes de la cafetera moka. Así, el caldo se coloca en la base de la cafetera; al hervir sube y se enriquece con las verduritas colocadas en el filtro, hasta ascender a la parte alta, donde envuelve el marisco allí colocado.

Este Caldito Express se sirve junto a las verduras, mientras el marisco se va cogiendo de la parte alta de la cafetera. Es divertido. Entretenido. Y delicioso.

En segundo lugar, el Tiradito de pescado blanco que bebe de la influencia japonesa en la gastronomía peruana; en este caso el pescado crudo se acompaña de una salsa de tamarindo, muy aromática y fresca. Otra sorpresa: se sirve con un bol de palomitas.

Temaki a la mexicana es el tercero; se trata de cazón en adobo rebozado en harina de garbanzo servido en cucuruchos de lechuga “se come igual que un taco mexicano”, dice Pérez.

Temaki a la mexicana.

Ahora es el momento de los Churros con chocolate, que en realidad son fritos de harina de maíz rellenos de queso y preparados para mojar en judías negras. Y sigue la diversión con el Bloody Mary… sí, como lo lees. Aparece Carlos A. Pérez agitando la coctelera, con todo el estilo de un bar tender. En la copa de daiquiri se cierne el contenido: se trata en realidad de un salpicón de marisco.

Para postres el propietario de Oceanika ofrece unas lascas de sal, que hay que introducir en la boca y deshacer de forma previa a la degustación del niguiri, un tipo de sushi de arroz… con leche que en su parte alta en vez de pescado lleva dulce de guayaba y se acompaña de mermelada de jalapeños.

Magia al cuadrado

Churros con chocolate.

Una cosa más: al fondo del acogedor local, decorado con palets de madera y paneles de iluminación móviles, hay una barra donde preparan Pisco Sour y Ron Cuba Libre, para antes o después de la diversión.

Oceanika, con aforo para 40 personas tiene un menú del día casero que cuesta 11’90 euros, siendo el ticket medio 18 euros, pues una gran parte de los platos de la carta no alcanza los 10 euros.

El próximo viernes 23 de marzo, coincidiendo con la celebración de su primer aniversario la magia de Oceanika se eleva de potencia, pues durante el servicio de cena Álvaro Molero ofrecerá un espectáculo de ilusionismo basado en trucos con cartas y magia de cerca. A partir de las 21:30 horas el mago hará aparecer vales de regalo para próximas comidas o cenas en el restaurante.

Ah, habrá Pisco Sour de bienvenida para todos los clientes. Noche muy mágica.

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