Cristina Soria, executive Life, coach y autora: “Hay que escuchar a la tristeza”

Va por su cuarto libro, en el que nos invita a negociar con una de las emociones que  hoy por hoy están casi proscritas socialmente, la aflicción. Su lema se centra en que en vez de negarla hay que escucharla y despedirla mediante 18 herramientas, para así poder decir “Adiós tristeza” y recuperar de nuevo la alegría.

Silvia Resa

Melancolía, pesadumbre o aflicción pero también dolor, enojo, insignificancia o insuficiencia. Todo esto se cobija bajo el paraguas de una de las principales emociones humanas, la tristeza. El sentimiento que produce ha sido anulado por muchos, que prefieren seguir adelante sin confrontarlo. Sin embargo, algunos expertos hablan de la escucha. ¿Estamos preparados para ello?

“Si reprimo la tristeza, puedo somatizarla”, dice Cristina Soria, coach que participa en  los televisivos Sálvame y Espejo Público; “el realismo lo veo según mi mapa, mis creencias, para cada uno es distinto, aunque a veces no somos honestos con nosotros mismos; si veo fortalezas y debilidades y soy consciente de ambas, puedo llegar a transformar aquellas debilidades que sean modificables”.

¿Qué hay detrás del título de tu último libro “Adiós tristeza”?

Este libro es un canto a la tristeza y a la alegría, pero naturalizándolas. Ha partido de un encargo de la editorial, que me pidió que hablara de la tristeza como base de la depresión tal y como la entendemos popularmente, como origen de la apatía o también de la desmotivación. Como lema básico está la idea de que no hay que echarla, sino escucharla y posteriormente despedirla mediante diversas herramientas, reconociendo así que no se trata de una emoción negativa.

¿Es la tristeza una de nuestras sombras?

Si la queremos ver como sombra, así será toda la vida. Vivimos muchas emociones y una de ellas es la tristeza, de la cual hay que extraer la información que no es valiosa. En este sentido mi planteamiento es sistémico, es decir, lo que nos suma es lo que nos da energía. En el otro lado está la sombra, que es aquello que nos resta; sin embargo es de lo que aprendemos más; por lo que invito a que no se vea como un problema, sino como una posible fuente de fortalezas.

¿Qué hacemos entonces con ella, la anulamos o la confrontamos según sea el caso?

Ya digo que si reprimimos la tristeza podemos llegar a somatizarla, convirtiéndola en dolencia e incluso en enfermedad. Durante mucho tiempo nuestra sociedad no ha escuchado la tristeza y actualmente es todo lo contrario, pues se potencia ser superpositivos. Resulta que con la euforia a veces no somos conscientes de la realidad, nos aleja de ella, lo cual supone un peligro; otra cosa es que se extraiga un aprendizaje, como es ver la cara positiva de cada circunstancia.

¿Es tu libro un tratado práctico de gestión de las emociones?

En el libro no sólo se habla de la tristeza, que en ocasiones viene acompañada de otra emoción, pues unas esconden a las otras; por ejemplo, en un proceso de duelo hay tristeza, pero también hay enfado. Esta última social e históricamente se ha aprobado sobre todo como propia de los hombres, mientras la primera era más atribuible a las mujeres. Actualmente es distinto, sin atribuciones de género; por ejemplo, se sabe que con rencor una no puede vivir feliz, ya que es un lastre para la persona que lo siente. Es cierto que quizá no se pueda olvidar el daño que nos han hecho, pero sí podemos ponernos en el lugar del otro y entender; es la compasión inteligente, que nos lleva al perdón.

¿Por qué propones 18 pasos para despedir a la tristeza?

A lo largo del desarrollo del proceso son los que han salido; es como una escaleta para despedir a la tristeza y también para dar la bienvenida a la alegría.

Si el lector sigue tales pasos ¿puede despedir solo a su tristeza?

Efectivamente hay pasos que de alguna forma requieren un acompañamiento; no obstante, el libro permite a los lectores que tomen conciencia y empiecen a animarse o que se decidan a probar el coaching.

¿Cuáles de ellos son imprescindibles y en qué orden?

Como coach invito a que lo primero se busque el origen de ese malestar, de esa tristeza y se verbalice. Después se trataría de observar las emociones y tomar conciencia de los pensamientos. En el tramo final del proceso invitaría a observar las posibilidades de cada uno, aceptación de los momentos de tristeza y en la medida de lo posible, reforzar lo aprendido a lo largo del proceso.

En el medio del mismo se proponen herramientas que pueden ser interesantes, como compartir y agradecer, lo cual está en los pequeños detalles del día a día y nos hace sentir más felices. El descanso, la nutrición y el ejercicio adecuados también nos ayudan a sentir una mayor fortaleza; como ocurre con las relaciones o lo que se llama mindfulness, es decir, la atención al momento presente.

Se habla mucho de la técnica del mindfulness ¿qué relevancia le das?

La atención plena nos permite darnos cuenta del momento, pues a veces vamos a toda prisa y no nos percatamos del instante que vivimos, saboteándonos a nosotros mismos; en este sentido, se trataría de generar el hábito de ser conscientes, de escucharnos y conocernos mejor, de permitirnos vivir los momentos felices.

En época estival se vuelve a la convivencia con familiares y amigos de forma más intensa ¿qué ocurre entonces con las relaciones?

Las relaciones son compensación, es decir, es preciso dar y recibir; en ocasiones aparece la figura del llamado vampiro energético, que es esa persona que repite una y otra vez sus quejas y su negatividad. Ante esto la otra persona puede escuchar y ofrecer ayuda, pero si no la quiere no se puede seguir dando sin recibir.

Cuando se trata de algún familiar y se percibe la negatividad en el otro, invito a no seguirle el juego en su queja, para así poder cargarnos de energía. Es decir, lo importante es la actitud y la creencia potenciadora de que tenemos forma de cambiarlo… si es que la otra persona lo desea.

Una de las herramientas que propones en tu libro para recuperar la alegría es la risa y el buen humor ¿pueden entrenarse?

Sí, esa es la buena noticia; la risa se entrena, especialmente de una misma y consigo. Es la capacidad de sonreír o reír de las torpezas que cometemos, visualizando el momento y generando endorfinas, las cuales tienen una formidable contrapartida física para nuestro organismo. En este sentido, es importante buscar el humor cuando hay un momento triste; de esta manera se logra la resiliencia, entendida como la capacidad de volver a ser lo que se era con anterioridad al golpe. La resiliencia la poseen algunas personas de forma instintiva, aunque es cierto que va de la mano de la actitud, no sólo de la aptitud.

Reconocer lo que nos pasa y expresarlo, observar nuestras emociones y pensamientos, algo de ejercicio para dormir mejor y recuperar esa risa que nos cura todo… Resulta que al final la tristeza no llega a ser tan triste sino fortalecedora, permitiendo la entrada a su opuesta, la alegría. ¿Te atreves con los 18 pasos que propone Cristina Soria?

 

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