Como en casa, pero mejor

El restaurante madrileño Orgaz y su acierto con la relación calidad-precio

Silvia Resa

En Orgaz se come bien. Podría ser suficiente como definición de este restaurante madrileño de la zona noreste de Madrid, de raciones generosas a un precio razonable y compensado. Pero hay más.

Voy y pido croquetas y ensaladilla rusa, dos de los tres platos que a mi modesto entender mejor definen el buen hacer de los fogones. Empezamos bien, muy bien.

Tapa de ensaladilla rusa.

Que aquí en Orgaz, en pleno barrio de Hortaleza en Madrid, no se cuenta con el protagonismo de un chef de renombre, si bien es cierto que ni falta que hace, a tenor de la degustación suculenta que paso a referir.

La tapa de ensaladilla rusa, generosa por cierto, está exquisita con su punto justo de acidez; le doy una puntuación de ocho sobre diez. Aclaro que en este caso el ánimo me pide atribuir puntuación a cada plato, porque la buen a cocina se lo merece, como es el caso.

Croquetas las hay de tres gustos: jamón, cocido y carabineros; aconsejan degustarlas en ese orden y hacen bien porque con cada bocado es un ir a más. La de jamón es suave y su besamel tiene un cierto dulzor propio de la cebolla, que le aporta estilo propio. La de cocido está más sabrosa, aunque sigue el mismo tono suave de la anterior. Son 7,5 puntos para cada una. En cuanto a la de carabinero, está de nueve sobre diez: sabor y aroma auténticos, de forma que si cierra una los ojos parece que lo que degusta es el popular crustáceo.

Así que ya digo que empezamos bien en este restaurante de ambiente nórdico cuya decoración ha estado a cargo de Zooco Estudio y que a punto está de cumplir su tercer aniversario.

Tiene aforo para 140 personas distribuido entre cuatro zonas que incluyen desde la de picoteo o tapeo en mesas altas hasta el reservado para grupos de entre 15 a 20 personas, pasando por el área destinada a familias, lo que permite el consabido esparcimiento que conlleva acudir a comer o cenar con los niños, pero sin perturbar la tranquilidad de los otros espacios.

Mario del Pino y José Carlos Monje son los propietarios de Orgaz, vinculado al grupo Solimpar, dedicado a su vez a eventos y celebraciones.De hecho, las cocinas centrales del grupo hacen las veces de laboratorio de pruebas, hasta lograr la versión que más les gusta de un plato. Después se hace una ficha del mismo, escandallos incluidos, aunque con un alto perfil de calidad.

Alcachofas confitadas.

El pan, propio

“En Orgaz damos gran importancia a la materia prima, por lo que buscamos a los mejores proveedores en el origen, para mantener un nivel de calidad elevado” dice un portavoz de la compañía;“otro aspecto importante es la atención al cliente en lo que denominamos la “experiencia Orgaz”, es decir, al entrar al restaurante el cliente es recibido por nuestras hostess y acompañado a su mesa, para dar paso al servicio por parte de camareros profesionales” Y sonrientes, añado.

Uno de sus primeros estrella son las alcachofas en flor confitadas. De ocho sobre diez. Tiernas, suaves y que no tienen nada que ver con las que se toman por ahí, casi siempre de quinta gama, esto es, seudoelaboradas o recocinadas.

En cuanto a los torreznos, todo un logro para los amantes de esta especialidad, ya que son desgrasados y se presentan de tal forma que puede comerse todo. No resultan indigestos. Palabra.

Como segundos se puede elegir por ejemplo entre la merluza a la parrilla con tirabeques, el rodaballo hecho en horno Josper, que le aporta notas ahumadas y en mi caso el rabo de toro Volcán, algo distinto del clásico, que aquí se denomina Timbal, al incluir un huevo poché que se remueve con la carne, aportando al plato el punto justo de sabor. Nueve sobre diez.

Torrija.

El pan es artesano y al igual que los postres son de elaboración propia. Con respecto a esto último elijo algo de temporada: la torrija, que viene muy bien acompañada de helado de canela, espuma de limón y teja de avellana. Se me caen las lágrimas: nueve sobre diez.

Como punto final, el café. Una de las referencias para hostelería de Lavazza, Kafa Forrest Coffee, con un auténtico equilibrio entre acidez y amargor. Ocho sobre diez.

Buena experiencia gastronómica, que he repetido con gusto un par de veces más, aprovechando para probar los diversos platos de su carta. Pero lo mejor es la relación calidad-precio, con una media de 30 euros por persona, ya que su abanico oscila entre los seis y los 26 euros.

Dos notas más: Orgaz no cierra por las tardes, lo que lo convierte en el punto de encuentro para tomar algo a la salida del trabajo, o tras una visita al recinto ferial. Dispone además de servicio de aparcacoches, de lunes a viernes, a mediodía.

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