Care Santos, escritora: “Las nuevas tecnologías no sólo no estorban, sino que ayudan a la lectura”

El 8 de marzo salía a la venta Habitaciones Cerradas, la última novela de la escritora catalana Care Santos. Su novela más ambiciosa donde, tal y como reza la página web de Santos “El pasado, visto desde el presente, es como un rompecabezas al que le faltan piezas”. Aparte de Habitaciones Cerradas, Care Santos ha publicado seis novelas, seis libros de cuentos, dos libros de poesía, multitud de novelas para jóvenes –su faceta más conocida. Y también libros para niños.

Santos además de su prolífica carrera como escritora ue fundadora y presidenta durante ocho años de la Asociación Española de Jóvenes Escritores. En la actualidad, imparte talleres literarios, ejerce como crítica literaria en El Mundo y dedica todo el tiempo que le queda a cuidar de sus tres hijos.

Su última obra es Habitaciones Cerradas ¿Qué supone para usted esta novela? Se dice que es un poco distinta a lo que había hecho hasta ahora.

Sí y no. En el fondo siempre estamos escribiendo la misma novela. Lo que pasa es que las personas no somos las mismas a lo largo de veinte años. Aunque se tengan las mismas monomanías y las mismas pasiones y filias, se manifiestan de otra forma. Pero mi primera novela ocurría en la misma Barcelona, en la misma época y con personajes parecidos a los de Habitaciones Cerradas. No era, ni mucho menos, una novela como ésta: era menos ambiciosa, peor escrita… una novela de principiante, escrita con 23 años, pero era el mismo mundo. Lo que ocurre es que luego se me conoce por otras cosas. Pero a mí no me importa tener libros muy distintos, al revés, creo que el lector es muy inteligente y sabe escoger muy bien qué le interesa y qué le conviene en cada momento. Pero no me he inventado nada. Todo lo que está en Habitaciones Cerradas, está también en mis inicios.

Pero ha tocado muchos géneros a lo largo de su trayectoria ¿Con cuál se siente más cómoda?

Yo soy narradora. Lo que he hecho en otros géneros o es fruto de un desliz momentáneo que no debo repetir, o fruto de una pasión… ahora, por ejemplo, estoy empezando a escribir teatro, que me apasiona, pero no sé cómo va a salir, porque el teatro es otro mundo. Pero yo soy narradora, eso lo tengo muy claro: que ahí donde tengo que experimentar y probar otras cosas. Ahí me apetece hacerlo todo: lo largo, lo corto, lo muy largo o lo muy corto.

El libro que está preparando ahora es para jóvenes, una historia de amor entre una mujer lobo y un vampiro…

¿Eso ha salido en alguna parte? Esa descripción no me gusta, porque creo que puede espantar a los lectores. A mí me espantaría. Yo creo que es una novela sobre dos criaturas muy oscuras, muy dejadas de la mano de dios y muy jovencitos. Son muy jóvenes pero muy abandonados a su suerte los dos, y es una novela que trata de crecer, por un lado, y de buscarte tu sitio. Que en definitiva es crecer: de la renuncia a los padres, a la familia…

¿Qué diferencia hay entre escribir para un lector joven y para un lector adulto?

Ninguna. Para jóvenes tienes la ventaja de que más o menos sabes cómo va a ser tu lector. Tiene ciertas ventajas porque juegas con información que en otras ocasiones no tienes. Pero es la única diferencia. No hay que hacer nada especial al escribir para jóvenes. Por lo menos eso es lo que pienso y practico: no hay que rebajar nada, ni darles temas facilitos, ni censurar nada.

¿Los jóvenes leen poco?

Yo soy muy optimista: creo que se lee más que nunca, que se tiene más acceso a los libros que nunca, y que hay un grupo de lectores ‘muy lectores’. Muy jóvenes y muy lectores. Creo que además las nuevas tecnologías no sólo no estorban, sino que ayudan a la lectura.

Aunque a lo mejor hay que cambiar la forma en que se entiende la lectura o los mismos libros.

Mientras se lea… necesitamos historias, somos así. Hay algo en nuestro mecanismo genético instintivo que hace que necesitemos la ficción incluso para comprendernos a nosotros mismos. Eso ha ocurrido desde que somos seres humanos. Dónde esté la ficción, a mí me da lo mismo; en qué soporte se lea, me da igual. Yo escribiré historias allá donde la gente las quiera leer. Personalmente soy una romántica del libro, pero no excluyentemente. Todo eso me lo pierdo con las nuevas tecnologías, pero no puedo salir de viaje con veinte libros y, sin embargo, sí puedo salir de viaje con un e-book, por ejemplo… todo tiene su momento. El libro electrónico es lo que nos da: más capacidad, más abanico.

Al final eso también es un ‘pro’ de cara a un público joven, que quizá es más proclive a las nuevas tecnologías.

El público joven que lee suele ser gente de mucho gusto que está reaccionando muy bien a eso que están haciendo las editoriales de crear libros cada vez más bonitos, siguen comprando libros. Ese lector que ahora tiene 16 o 17 años, que ya le gusta que le regalen su libro de tapa dura, con dibujos, a veces con más cosas… ese es un lector de papel.

¿Y el público infantil?

Es muy difícil escribir literatura para niños buena. A lo mejor es que me falta talento. Yo sí que me doy cuenta de que en juvenil y en lo que no lleva adjetivos, puedo jugar en primera división. En infantil, lo dudo. Miro a mi alrededor y veo que hay otra gente con más vocación que yo. Ya no digo talento, que eso lo tienen que juzgar otros, pero vocación, seguro que mucha más. Así como al público adolescente lo adoro y nunca dejaré de escribir para ellos, creo que al público infantil le escribiré mientras tenga a mis hijos pequeños.

Tener tanto acceso a la información ¿provoca un exceso de información, que no de formación?

Sí, hay mucha información y muy poco conocimiento. Y corres el riesgo de pasar todo el día haciendo absolutas estupideces, porque Facebook aporta el riesgo de la estupidez supina y hay que tenerlo controlado. Da un poco de miedo la abundancia de información, pero a la vez la celebro todos los días, porque somos una generación sin dudas. Cualquier cosa que nos pase por la cabeza la podemos resolver al momento consultando Google en tu móvil. Jamás se ha podido buscar información sobre nada como ahora.

Pero ¿Eso no puede llevar al aislamiento?

Lo malo no es la herramienta, sino lo que haces con ella. Cuando salió la imprenta también se llevaban las manos a la cabeza diciendo que el libro desaparecería. Somos una especie reacia a los cambios y eso incluye los aparatitos que tenemos alrededor. Cualquier cosa que cambie nuestra vida cotidiana nos asusta mucho. Tengo tres hijos que van para adolescentes y no me parece que tenga que asustarme Internet: tengo que enseñarles a usarlo.

Tres niños, ¿Cómo compagina la faceta de escritora, los niños, el blog…?

Esta pregunta me la hace todo el mundo y siempre contesto ¿Por qué nunca se le pregunta esto a un hombre? Porque los hombres también tienen tres hijos y cuatro y dos… yo contesto lo mismo que contestaría un hombre: dejando a mis hijos en casa con su padre. Si no tuviera el marido que tengo, que no sólo entiende sino que apoya mi trabajo, no podría estar, por ejemplo, 15 días por ahí documentándome.

¿Es una profesión difícil de entender?

Pero ya era así cuando me ‘compró’. A ver, es una profesión en la que necesitas un consorte que te apoye. Un consorte, una pareja… aquel con el que vives. Nunca se habla de las parejas de los escritores y son un personaje importante de la película.

Hace también crítica literaria en El Mundo. ¿Cuándo se escribe, es más fácil criticar el trabajo de otro escritor o no?

La crítica tienes que escribirla sabiendo lo que haces. Si sólo vas a hacer comentarios positivos no te metas a crítico, pero tampoco lo hagas si tienes tanta bilis que vas a ir por ahí aplastando a los demás. Yo hago crítica muy especializada, sólo de primeras obras de narrativa. Es decir, que todo debutante de narrativa, de novela o de cuento pasa por mis ‘garras’ y eso significa que tengo que ser prudente, porque un autor debutante es más vulnerable que uno que lleve veinte libros publicados. A pesar de todo, la crítica  es igual: relativa. No deja de ser la opinión de un señor o una señora, discutible, por mucho que tenga legitimidad para hablar de eso. Si la crítica es muy buena, alégrate, porque eso no pasa todos los días, pero olvídala enseguida; y si la crítica es muy mala siente ganas de matar al crítico diez minutos y luego olvídate igual.

¿Qué consejo le daría a un escritor joven, que empieza ahora?

El más importante que le puedo dar, que parece obvio pero no lo es tanto, es que no se desanime nunca. Aunque ya publiques, el desánimo es el compañero de trabajo del escritor, siempre. El escritor tiene que tener una voluntad de hierro para seguir y a partir de aquí, trabajar… no hay más secreto. Escribir todos los días, ser muy exigente, rescribir, tirar… las vocaciones artísticas no es eso que piensa la gente: es puro trabajo. Lo que pasa es que lo que se ve es cuando publicas la novela.

Si no hubiera sido escritora…

Hubiera sido una mala abogada. Hubiera sido una abogada pésima, amargada de la vida, seguro. Para ser feliz hubiera podido abrir un restaurante y si algún día me falla todo esto, no lo descarto.

En un poema en su blog afirma que “ser feliz hoy en día requiere discreción”.

Claro, en esta época de crisis y dramas colectivos, si eres feliz, cállate, porque o estás loca o das mucha envidia. Y ser feliz muchas veces no requiere de nada externo, requiere de ti. Y yo en ese sentido soy una habitante permanente de los mundos de Yupi. Para bien o para mal. Pero así he sido siempre. Soy una inconsciente, tengo esa suerte. En realidad, alguien que vaya por el mundo diciendo que es feliz generaría comentarios curiosos, porque la gente tiende mucho a la queja, al lloriqueo. Y yo eso no lo he practicado nunca.

¿Por donde pasa el futuro de Care Santos?

Escribir una novela en la que estoy empezando a trabajar. Es un tema complicado que me va a marear bastante. Ahora estoy en proceso de rata de archivo, espero empezar a escribir en octubre.

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