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Borradores de la memoria

Un tipo de células cerebrales se encargan de eliminar los recuerdos no relevantes.

Silvia Resa López

Un día cualquiera soy capaz de recordar qué es lo que he comido, dónde he aparcado el coche o a qué hora he estado hablando con un compañero de trabajo; sin embargo, no soy capaz de retener cuándo o dónde he llevado a cabo esas u otras acciones similares en fechas anteriores: ¿estoy perdiendo la memoria? Al parecer se trata de lo contrario, pues unas células llamadas astrocitos se encargan de borrar los recuerdos no relevantes de nuestro cerebro, incrementando su eficiencia: son los borradores de la memoria.

Nuestro cerebro está formado por células que se encargan de recibir, procesar, transmitir y almacenar la información, para lo cual dispone de la denominada plasticidad sináptica. Así, cuando entra información nueva que queremos retener, las neuronas encargadas de transmitirla refuerzan sus conexiones o sinapsis. Gracias a dicha plasticidad sináptica somos capaces de aprender y memorizar.

En relación con ello, un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha llegado a la conclusión de que un tipo de células no neuronales y que son más numerosas en nuestro cerebro, los astrocitos, tienen como misión debilitar las llamadas conexiones sinápticas de las neuronas del hipocampo, que a su vez es el área cerebral relacionada con el proceso de la memoria y con la flexibilidad cognitiva.

“Este proceso es necesario para borrar información que ya no es relevante y reemplazarla por nuevos acontecimientos o situaciones”, dice José Esteban, investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, al que están adscritos el CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid (UAM); “esta capacidad se conoce como flexibilidad cognitiva y es la razón por la que, por ejemplo, habitualmente recordamos dónde dejamos el coche aparcado hoy, pero no dónde lo hicimos ayer o la semana pasada”.

“Sin esta forma de borrado selectivo, almacenaríamos multitud de memorias solapantes y contradictorias en el cerebro”, dice Esteban; “dado que este mecanismo se agudiza en situaciones patológicas como en la enfermedad de Alzheimer, es importante que entendamos los mecanismos del borrado y reescritura de memorias, a fin de desarrollar nuevas estrategias terapéuticas para tratarla”.

Se sabe que nuestro cerebro está compuesto tanto de neuronas como de las denominadas células glía, entre las que se encuentran los astrocitos, y hasta el momento los científicos habían atribuido exclusivamente a las primeras la función de remodelar las conexiones sinápticas, tanto para reforzarlas como para debilitarlas; sin embargo según Marta Navarrete, investigadora del Instituto Cajal y participante en el estudio, “en los últimos años se ha demostrado que las células de glía, a las que se atribuía la función de sostener y alimentar a las neuronas, también participan en la comunicación sináptica; hemos visto que un tipo de estas células, los astrocitos, actúan como  intermediarias  en  la  comunicación  entre  las  neuronas, para producir esa depresión sináptica”.

“Estos hallazgos representan un cambio conceptual del conocimiento que hasta ahora se tenía sobre los mecanismos que subyacen a la plasticidad sináptica”, explica Navarrete; “en este caso el eje ‘neurona-astrocito-neurona’ define una secuencia obligatoria para el procesamiento de la información, lo que a su vez conduce a la plasticidad sináptica; por tanto, los astrocitos desempeñan un papel integral en el almacenamiento y la eliminación de información en el cerebro”.

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